Los caminos no vistos

La muerte me importa un pito

Gerardo Deniz falleció el 20 de diciembre de 2014, a los 80 años.

Después de Adrede y Gatuperio, que leí en mis años de formación, ya no supe más de él hasta Erdera, del que leí hace poco sólo algunos poemas.

Durante la Feria Internacional del libro, gracias a que Roberto Rébora me regaló Semifusas (Taller Dittoria, 2004) volví a leerlo.

De fácil lectura por la construcción del verso, cadencioso, rítmico, siguiendo la norma del verso libre, baudelairiano, pero de entendimiento difícil por su léxico abundante en neologismos, en jerga científica, en lenguas extranjeras.

¡Babélico antes de Babel!, arquitecto de un mundo nuevo, esperántico, en el que bien pueden verse todos si así lo decidieran, aunque es difícil con una obra que poco se difunde.

Poesía lírica definitivamente, en la que al término uno se queda sintiendo esa ironía mordaz, esa burla, manifiesta de forma refinada.

Dicen que la mejor poesía es la que nos deja, a manera de resabio, un sentimiento y la sensación de “eso es lo que yo quería decir”, o “me hubiera gustado decirlo yo”, y eso es lo que pasa con los poemas de Gerardo Deniz, que ahora se ha ido, ¡maldita sea!

En toda poesía, todos lo sabemos, hay un sostén metafísico, misterioso, centrípeto, que mantiene unidos sus elementos que se mueven en expansión, en movimiento centrífugo, según su propia naturaleza. Es el balbuceo que se queda no sabiendo, como decía san Juan de la Cruz.

El misterio es indefinible, pero se siente, y eso es suficiente; se siente porque es una resistencia a la muerte, tal como dijo Deleuze, una resistencia a lo banal, a lo efímero, como lo es la vida misma. El misterio no está contenido en la poesía, es la poesía misma.

Cuando uno lee los poemas de Deniz sin la obsesión de entenderlos, comprende por qué dijo alguna vez que la muerte le vale un pito, pues hay en ellos una resistencia que obligará a la memoria social a no olvidarlo.

Deniz se fue el sábado 20 de diciembre de 2014. Deja un hueco enorme que solo se podrá llenar leyéndolo: celebremos su partida leyendo uno de sus poemas.

Educación

1.

Los dibujantes o caricaturistas

 y autores obscenos

tienen grave responsabilidad

 social,

pues deben ofrecer una

visión científica del universo,

lo cual es harto difícil,

y, encima, luchar contra un

 folklore oscurantista

(así, por pura ignorancia,

tardé mucho en tratar

como era debido

varias caras graciosas).

2.

No rebasaremos las islas

 Aran

mientras se siga instruyendo

 a las adolescentes

en denegación, veda y

 rechazo.