Los caminos no vistos

Los lugares comunes no son poesía

Leo en los periódicos las notas que publican sobre cultura, arte o literatura y no hay nada original.

Así como a mediados del siglo antepasado existía la querella contra las formas versales y se afirmaba que eran solamente moldes en los que los poetas echaban palabras para rellenarlas y con el versolibrismo se abrió el horizonte, y se abandonaron los términos de “poesía” y “verso” y en su lugar quedaron “poema” y “línea poética”, hoy estos términos son lugares comunes, están anquilosados.

Luego, la consigna de “escribe como hablas” propuesta en los años 70 por los redactores gringos la adquirieron los jóvenes para aplicarla a sus textos versales.

Walter Benjamin señala que en la nueva expresión literaria no se propone una renovación espiritual, sino innovaciones técnicas que, en nuestra sociedad enjaulada por las ideas del postmodernismo, equivalen a  la renovación espiritual a través de un individualismo acendrado que raya, sin que los autores se den cuenta, en un facilismo sin voluntad estética.

Y después, con base en las corrientes de “el arte como terapia” o “el arte como método de autoconocimiento” todos buscan curarse, auto conocerse y comunicar esa experiencia personal.

Y siguiendo esta misma línea, hay en nuestro medio quienes venden una imagen de dolor y de conmiseración como el que salió del manicomio porque mientras estaba en tratamiento alguien le dijo que escribiera poesía y eso lo salvó de permanecer con esa enfermedad que lo postraba. La poesía fue su salvación cuasi divina.

Un ejemplo de esta misma situación es la de Yajoi Kuyama que afirma que cuando no pinta le llegan ideas suicidas y por eso no deja de pintar esos esquemas repetitivos en los que la calidad estética carece de relevancia.

También se vende muy bien la imagen del “Pobrecito yo” transmitida a manera de confesión y no de trabajo.

Escribir es un proceso laborioso y por lo tanto laboral. El grupo de personas que escriben tienen una relación laboral, pero como lo que escriben es lo que llamo “vómito de su personalidad a manera literaria” creen que sus lectores son sus amigos y porque los hacen partícipes de un acto personalísimo, deben aceptar lo que escriben como si fuera de gran valía.

Nada original existe hoy en el campo del arte gráfico ni en la literatura, y esa libertad que propuso Baudelaire en uno de sus poemas en prosa se volvió, como todo lo que se repite insistentemente en literatura, estereotipo, lugar común.

El alma alienada de sí misma quiere curarse, traspasar sus límites individualistas, y eso francamente no es arte.