Los caminos no vistos

Sin lugar en la naturaleza no hay obra de arte

Gracias a Joyce quedó revelado que el hombre y Dios, tal como lo concibe el cristianismo, se separan. En Ulises, la preocupación de Leopold Bloom es vivir en este mundo resolviendo problemas del momento, desde el sentimiento de la muerte hasta la necesidad del sexo.

Proust, por su parte, nos señala que la inspiración, que se esperaba de las musas, se puede obtener mientras se sopea un panecillo en una taza de té.

Y el hombre, metido en esa dinámica social creada para eficientar los procesos que ocurren en las relaciones entre el individuo y el Estado, sin ningún soporte religioso, se convierte en un escarabajo.

Y puesto que ese hombre-escarabajo es un hombre dejado de la mano de Dios, que desarrolla su vida en su propio círculo intrascendente, si entendemos la trascendencia como la relación vertical entre el hombre y la divinidad, tiene que encontrar la manera de salir de allí y para ello busca, con diferentes métodos, esa comunicación con el dios que lo ha abandonado.

Por esta situación, que nunca fue clara, se decía que Joyce, Proust y Kafka habían metido a la literatura en un callejón sin salida, que no era otra cosa que la distancia tajante con el Dios cristiano, del que estos autores se habían independizado.

En su Teoría de la novela, Georgy Lukács define los tipos de novela que se han escrito de acuerdo al tipo de héroe, y cómo las relaciones pasan de directas a indirectas y por eso mismo degradadas. El individuo ha ido perdiendo su relación con la naturaleza y se ha centrado en las relaciones sociales que re-producen el tipo de relaciones nacidas del modo de producción de satisfactores que, por su cantidad, se convirtieron en mercancías.

Las relaciones indirectas son relaciones degradadas, como luego se puede ver en El Quijote, cuyas relaciones se separan de la realidad. El héroe problemático representado por el ingenioso hidalgo desaparece en la novela conforme van cambiando las relaciones de producción en relaciones de mercado manifiestas en la manera como ocurre la circulación del dinero.

El héroe problemático aparece cuando hay oro circulante, pero va desapareciendo conforme cambia el papel moneda, a moneda de papel, a moneda de plástico.

Suena lógico que en una sociedad en la que los capitales se mueven en la bolsa de valores el autor desaparezca frente al texto, de cualquier índole que éste sea, como lo proponen los estructuralistas franceses.

El hombre como tal ya no tiene lugar en el mundo de la naturaleza, desaparece, y con él necesariamente las obras de arte.