Los caminos no vistos

Una joven enajenada

Para poetas sin voz

 

Hay una joven guapa, pero algo desentonada, que canta en el mercado.

Un joven que conduce un taller literario me decía que los talleres son para apoyar a encontrar su voz a quien va a un taller, y le respondí que seguramente sus voces eran tan feas que decidían imitar la del que dirigía, si no es que éste les imponía su estilo y su idea de la poesía.

Matthew Lipman (1922-2010) se pregunta a través del personaje principal de su novela Pixi: “¿Cómo es posible que una parte tuya no te pertenezca? ¡Todo vos sos tuyo! Pero ven, eso es lo que me confunde. O mi cuerpo y yo somos lo mismo o no lo somos”.

Si algo de ti no es tuyo, porque así lo crees, o porque crees que tú eres la causa de esa separación, has ingresado a ese mundo de la paranoia socialmente provocada.

La psicologización de las áreas del conocimiento y de la vida misma responde a una idea nacida después del Holocausto: la maldad connatural al hombre.

La idea de la maldad interna del hombre ha motivado la búsqueda de su verdad o falsedad, y en razón de que la respuesta solamente puede hallarse en el hombre mismo, y la psicología es el conocimiento del alma del hombre, entonces se justifica la psicologización de todo.

Quizás sea romántico pensar que la vida es una unidad en este mundo de fragmentos del siglo XXI, pero lo sostengo frente a la fragmentación psicológica, causa de la paranoia social que estamos viviendo, matizada por las creencias en el desarrollo humano y en la salvación del hombre, y teorizada, filosófica y literariamente, por el estructuralismo y la deconstrucción, y sus apologetas.

Así, la teoría ordena la vida. La teoría literaria ordena la literatura. Las ideas abstractas dirigen a los hombres.

Vallejo, finalmente, tenía razón con aquel poema que inicia con el verso: “Confianza en el anteojo y no en el ojo”.

Ahora, cualquier acto, por más absurdo e ilógico o contra natura que sea, se puede justificar con una explicación psicológica, basada en que el centro del universo es el hombre en busca de sí mismo.

Yendo y viniendo por las calles de la ciudad, me encuentro a la joven que canta en el mercado. Mientras me como un taco la escucho a sus espaldas.

Al terminar, le doy una moneda y le pregunto por qué con su mano derecha se dobla el pabellón de su oreja, y ella sonriendo  me contesta: para escuchar mi voz y llevar bien el tono.