Los caminos no vistos

No es la crítica, es el rumor

En Guadalajara vivimos una tendencia hacia el mutismo que zahiere. De hecho, los comentarios que deberían hacerse en el foro, entendiendo que éste sería un medio de comunicación, se hacen sotto voce, de manera insinuada.

Se prefieren los rumores a la declaración directa, para evitar la responsabilidad de la argumentación o de la presentación de pruebas para sostener lo que se afirma.

Así, nos encontramos en el café con esa situación que en la administración de empresas se llama “la charla del garrafón de agua”, en donde se suelta una afirmación como un “borrego”, según la jerga periodística.

Me he encontrado con esto después de la publicación del análisis de un poema que hice. A manera de contraataque se rumora que el mejor poeta de Guadalajara murió hace siete años, que nunca quiso publicar, porque lo que escribía era tan excelente que hubiera apabullado a cualquiera que estuviera escribiendo y publicando en esos momentos, y aunque se dice su nombre no se muestra poema alguno que sustente lo dicho.

Y la pregunta que me viene a la cabeza se manifiesta como una tensión que puede verse es la tendencia en la que se mueven los críticos literarios, los poetas metidos a críticos porque tienen la obligación de justificar la beca que los mantiene atados al sistema de la literatura oficial desde hace años.

Esa pregunta se relaciona con la Escolástica, no tan distinta a la que se estudiaba en los años 70’s en la entonces Facultad de Filosofía y Letras  y que durante varios años se enfrentó a la Dialéctica.

Hoy se busca, como en aquella escolástica, las definiciones, que, de hecho, no tienen cabida en una sociedad pragmática que quiere más que transformar a los objetos usarlos en beneficio personal.

El límite de la Escolástica estaba, y está, en la imposibilidad de la definición de algunos objetos como la Belleza, la Verdad, la Bondad, el Alma, etcétera, para describir el mundo.

Enfrente se encuentra la Dialéctica moderna, de tendencia pragmática, que afirma que allí están los objetos y que no importa definirlos sino cambiarlos, modificarlos, siguiendo aquella consigna de Marx en una de sus tesis: De lo que se trata no es de interpretar al mundo sino de transformarlo.

Esos comentarios del café, esos rumores, representan el uso personal de la información para crear una situación favorable al que comenta, pues se hacen “en confianza”, intentando transformar el entorno, no el mundo, pero sobre todo crear un ámbito en el que el que suelta el rumor quede bien posicionado ante quienes le escuchan.