Los caminos no vistos

La convicción de un Nuevo Mundo

Ante la convicción de que hemos  conquistado la naturaleza, el enfoque de la búsqueda filosófica del hombre se ha vuelto hacia él mismo y sus obras.

La etnología y la psicología son las reinas en esta pesquisa.

Esta convicción, indudablemente, ha cercenado la relación del hombre con la naturaleza y está tan ajeno a ella que toda relación resulta cuasi imposible.

El mundo ante sus ojos es algo incognoscible, y se busca a sí mismo en una perpetua y enajenada búsqueda frenética con el antecedente de una enfermedad mental impuesta después de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial.

El hombre se ha quedado en un orbe exclusivo de las obras que ha hecho. Todo se centra en la cultura, estableciendo relaciones triangulares, indirectas, guiadas por la imitación de modelos artificialmente creados como justificación de sus propias acciones.

Hay una gran afición por la cultura en su estructura de superficie, un diletantismo, al mismo tiempo que hay un rechazo razonado a todo lo que signifique profundidad del conocimiento de lo esencial. Hay mucha información fragmentaria que toma el lugar del conocimiento, y, en consecuencia, hay muchos poemas de poemas, literatura de literatura, llamados intertextos,  y mucha ceguera basada en la certidumbre que dan las creencias  que no van más allá de lo aparente.

La inteligencia, la creatividad, son como perros que se muerden la cola. Con estas cualidades se buscan afanosamente la banalidad, para privilegiarla, y las formas, pensando que a través de ellas, siguiendo a los conductistas, pueden acceder a lo esencial.

De allí que, por otro lado, se haya creado un supermercado de buscadores espirituales cuya finalidad es deshacerse de todo lo que se cree que estorba; eliminar esa enfermedad impuesta después de los campos de concentración de la segunda guerra, proveniente en realidad de la división especializada del trabajo que causa enajenación por la ausencia de una relación directa entre éste y el producto final.

Los intelectuales se regodean en un diletantismo hedónico y consideran que la vida, la realidad, no tienen existencia propia, independiente, sino que son una convención, un consenso, entre grupos de individuos que deciden que así sea. Nada existe fuera del pensamiento.

La Naturaleza, en este mundo nuevo, está fuera de toda consideración.

En ese sentido, todo es experiencia inmediata, todo es aquí y ahora; todo es mágicamente intrascendente.

–Escribo poemas –decía un amigo–, esperando que en alguno haya poesía.

Sin embargo, este año, un escritor gana un premio internacional con sus ejercicios de escritura que, una vez puestos en el mercado, se llamarán “poesía”.