Los caminos no vistos

La confusión es el paradigma

La poesía no es otra cosa que un impacto emocional que se produce en un lector de poemas. Por extensión, se habla de poesía ante el mismo tipo de impacto emocional que produce cualquier otro tipo de objeto o hecho (la música, la pintura, la danza, un atardecer, una flor o su aroma).

Esta idea de impacto emocional se ha relacionado estrechamente con la catarsis que mencionaba Aristóteles en su Arte Poética, y se piensa equívocamente que la catarsis ocurre en quien escribe, cuando lo que planteaba el filósofo era que ese efecto ocurría en el receptor (lector). El poeta, pues, sería un provocador de catarsis, independientemente de que él la tuviera o no.

Los filósofos del siglo XX, hijos de Kant y Mariguana, han impuesto las ideas de que el mundo, la realidad, es incognoscible, que éste es solamente una creación mental, como las mónadas de Leibniz, y una convención de grupo, ya que tal construcción mental es lingüística, y que no hay más verdad que la verdad de cada individuo.

La angustia existencial causada por esa incapacidad del conocimiento mediante los sentidos exacerba el temor a la muerte y arraiga al individuo en un "aquí-y-ahora" que le hace creerse inmortal, inmortalidad que queda sujeta a la pérdida de una visión histórica (queda pendiente la razón ideológica por la que conviene al sistema neoliberal esa ahistoria), que atrofia ciertamente el sentimiento de libertad. Pues el aquí-y-ahora es una prisión gigantesca sin rejas visibles.

Otra parte tácita en esta visón es la religiosidad, representada en nuestro medio por el catolicismo.

Ese pensamiento religioso que resulta mágico y salvador de las penas de los individuos (véase el lenguaje cargado de salvaciones, pecados y arrepentimientos) que, encabalgado a la poesía, la quiere la llave mágica para expiar penas, culpas y pesares.

La poesía, utilizada como sinécdoque del poema, se ha convertido en una tabla de salvación de quien ha confundido el arte con la terapia ocupacional.

Un tercer punto que me llama la atención es la incapacidad de romper con las figuras significativas paternales, como los profesores y amigos que los indujeron a ese camino del arte literario.

La angustia existencia los ha hecho escritores de poemas –no poetas– que han hecho de la terapia ocupacional un arte, por la entereza con la que la practican, como decía una señora japonesa que pinta sin parar día y noche, utilizando su actividad terapéutica para evitar un acto cristianamente castigado como es el suicidio.

La confusión es el paradigma que domina desde mediados del siglo XX a la fecha.