Los caminos no vistos

La buena escritura

Había una fuerte contradicción interna en la enseñanza de la composición. La poesía, se decía allá y entonces, no tiene que comunicar nada; sólo presenta una realidad o la emoción que esa realidad genera en el que la contempla.

Un poema, en consecuencia, tenía como condición ser una entidad cerrada, acabada; no tenía otra forma de ser. Así que una vez terminado el poema debería ser inmutable. Las variaciones se anotaban o se escribía un nuevo poema.

La misma Estilística señalaba que el poema válido como final, cuando había una serie de variantes, era el que el mismo autor declaraba como tal.

El análisis de textos se encargaría de fijar las fechas de la escritura, sus modificaciones, su fijación y el periodo de la vida del autor en el que se había escrito.

Luego de la intromisión de la lingüística en el análisis literario se perdió la parte trascendente de la obra y los neoanalistas se quedaron con lo inmanente.

Al ver cómo apaleaban a sus amigos que hacían crítica literaria estilística, y con el miedo propio a los golpes, Todorov privilegió el análisis lingüístico (inmanente) de los textos literarios, que luego tomaría Barthes para formar la escuela estructuralista francesa.

De esa forma, la literatura se cosificaba y perdía su vitalidad fundamental.

Joseph Roth nos cuenta en El Leviatán cómo un famoso comerciante de corales de una pequeña ciudad, al modificar sus hábitos personales y religiosos por un tiempo, pudo ser tentado por el diablo, distorsionando sus sentimientos de honradez para cambiar los corales vivos, que vendía desde siempre, por unos corales de plástico, más baratos que los naturales, con diseños y colores más llamativos, y que producían mejores ganancias.

Mezcló corales falsos, muertos, que parecían tener vida y eran más perfectos y hermosos en sus formas, con corales verdaderos que eran imperfectos y un tanto feos.

Esto definitivamente lo llevó a la ruina.

De la misma manera, los textos literarios se fueron componiendo de acuerdo a las reglas de la retórica, luego de que las situaciones sociales abrieron el campo literario a la “buena escritura”, a las reglas convencionales.

La abundancia de literatos hoy es inversamente proporcional a la calidad de los textos, pues escribir no es solamente saber quién es el sujeto y qué el predicado.

En la medida que el crecimiento demográfico facilite la presencia de literatos en la sociedad, será necesaria una guerra en ese campo para eliminar al mayor número posible, como ya se puede vislumbrar con las luchas por el posicionamiento frente al Gran Mecenas que es el Estado.