Los caminos no vistos

Sobre la belleza (tercera parte)

El sexo del que hoy todo mundo habla como un objeto adentro de una vitrina, bajo un microscopio, es muestra de la frigidez, de la impotencia sexual para vivir de acuerdo a la naturaleza humana.

También es la silla turca de la belleza, de la dinámica humana para su evolución. El sexo tan estudiado para controlarlo, para aniquilarlo, salta de manera salvaje, sin orden, explosivo y violento como la acción de una bomba. Sin sexo no hay nada, y eso lo podemos ver cotidianamente en las calles de la ciudad. Y entonces me detengo en el rostro de la joven. Veo esa cara armoniosa de labios delgados, nariz refilada, oreja medianas y ojos brillantes, y el instinto se enciende súbitamente y la miro con una mirada cuasi hipnótica y me dirijo a ella poco a poco, buscando que se percate de mi presencia y cuando se siente mirada, asechada por mi mirada que la enfoca con mi visión periférica, le sonrío y ella se siente inquieta, tiene algunos movimientos repentinos involuntarios y me ve con extrañeza porque no me reconoce, no me ha visto en sus sueños, pero responde a mi sonrisa, a mi mirada enfocada.

Sonríe como un acto defensivo, como una señal de protección porque está siendo atacada –no agredida, que es cosa muy distinta, porque está, de pronto, en una pradera gigantesca, y no hay un espacio para protegerse. Sonríe y baja la mirada, quiere huir, salir corriendo, pero está esperando su camión que la llevará a un destino y que de inmediato la alejará del peligro, y cuando quiere dar un paso para iniciar una huida simulada le digo "buenos días" y se pára en seco, ya no puede moverse. El efecto hipnótico de mi voz la ha detenido.

Gira un poco el cuerpo y quedamos de frente. Ahora me mira con detenimiento y sonríe francamente. "Buenos días", responde. "¿Ya tomaste café?", le pregunto y me dice que no, que va un poco tarde al trabajo. En ese momento, como un milagro, llega su camión y se despide diciendo "Nos vemos otro día". Al llegar al borde de la banqueta y antes de subir al camión se voltea y me dice adiós moviendo los dedos como seguramente vio en alguna película europea. De la belleza nace el amor.

La belleza no es otra cosa que las proporciones físicas que se acoplan a las nuestras con la finalidad de la conservación de la especie. Y el amor es la dinámica, el impulso instintivo que nos mueve para la "posesión" de esa belleza.

carlosprosperogarcia@milenio.com