Los caminos no vistos

No hay belleza sin corazón

La belleza pasma igual que el miedo; por eso hoy los artistas le rehúyen y se han inclinado hacia lo grotesco.

La belleza es como un agujero negro en cuyo centro se encuentra la luz más pura, pero para llegar a ella hay que atravesar un buen tramo de oscuridad profunda.

Sin duda que hoy que tenemos la gran facilidad de obtener información, todos pueden encontrar los datos que necesitan para justificar sus acciones, para complacerse; pero si la belleza estuviera en los ojos de quien la mira, ésta nunca se presentaría ni ante un espejo.

La belleza siempre es ajena, afuera de uno; por eso la buscamos, por eso la pretendemos, la procuramos.

Hace mucho tiempo un amigo buscador de Dios me dijo que Dios nada tiene que ver con el hombre, y aunque su explicación no rebasó los límites de la escolástica comprendí que el hombre debe perfeccionarse para arrimarse un poco a Él, y que lo mismo ocurre con el acercamiento a la belleza.

El hombre que la ve, la ve porque no la tiene y porque no la tiene la desea.

Sólo con el paso del tiempo se puede dar cuenta de que nunca la poseerá, que la posesión es solamente ilusoria, pues mientras él más se acerca, ella más se aleja. Es la tragedia del hombre que no se transforma a sí mismo y a cuyo cambio teme, y en un acto caprichoso e infantil abandona la caza y se queda con lo grotesco, de fácil acceso, jocoso, histriónico.

La belleza es como el horizonte de Spinoza: siempre está a la mano pero no se puede alcanzar. "ya casi, ya merito", pero no.

Es como las uvas verdes de la zorra, como la mujer fea por inconquistable.

La belleza es algo ajeno, externo, imposible, que pone en movimiento la voluntad del hombre, el deseo.

La ambición, decía Ibn el Arabi, es como el viento suave sobre el velamen para que el barco inicie el viaje por el ponto. Rumi, por su parte, afirmaba que la perla se encontraba en las profundidades del mar y no en sus orillas.

La facilidad con la que se quiere encontrar la belleza lleva a los sincretismos, a esas combinaciones grotescas que condenaba ya Horacio en su "Ars poetica", productos de esta sociedad neoliberal en la que todo se puede conseguir aunque sea de baja estofa.

Sin embargo, la belleza, como el corazón, es intocable para quienes piensan que el arte es medicina y para los que buscan soluciones inmediatas a las necesidades del alma humana.