Los caminos no vistos

Trabajo estético

No hace mucho escuché la historia de un gramático erudito que, caminando por la orilla de un río, escuchó en un islote del mismo a un hombre que decía en voz alta “Uyahú, Uyahú”.

Conocedor de la buena pronunciación, tomó una lancha y fue hasta allá para decirle al individuo que la pronunciación correcta era “Ya-hú”, fórmula con la que, dicha con el corazón puro, podía hacer que caminara sobre las aguas.

La persona agradeció el consejo y entonces el gramático erudito montó la lancha y empezó a remar hacia la orilla del río.

A la mitad del río y ante sus ojos azorados, vio al hombre aquel corriendo sobre las aguas del río que le hacía señas para que se detuviera. “Hermano –le dijo, podría repetirme la fórmula correcta, porque de pronto la he olvidado y he vuelto a decirla de manera incorrecta”.

Otra historia que viene al caso es la de los Maestros falsos en la que se cuenta que un joven fue con una pareja de vivales, que se decían maestros, para pedirles la fórmula del conocimiento. Le dijeron que tenía que trabajar para su ellos durante tres años para que pudieran enseñarle la fórmula solicitada.

Después de ese tiempo, y aunque ya sabía que ellos que no eran maestros auténticos, el joven les pidió la fórmula y ellos le dijeron que si la decía con el corazón puro podía volar si así lo deseaba.

El joven les dio las gracias y ante el asombro de los falsos maestros el joven se remontó a los cielos y voló por los aires.

Claude-Edmond Magny (1913–1966), en febrero de 1943 escribió una carta a Jorge Semprún, autor que no conozco,  sobre el poder de la escritura, en la que manifiesta, lo mismo que se dice en los cuentos arriba mencionados que la verdad y la poesía solamente se pueden escribir con el corazón puro.

Sin lugar a dudas que  escribir poemas es una actividad que, según José Antonio Marina, se puede aprender, puesto que es una habilidad adquirida; sin embargo, como también lo dice la señora Magny, si hace falta esa pureza es muy probable que tengamos ante nuestros ojos puro papel y tinta, pues al fin de cuentas la poesía no es más que el registro de un encuentro, de un descubrimiento realizado por quien ha viajado hasta las zonas más recónditas de su existencia y, además, luego de ese viaje ha podido tener una distancia entre su experiencia y el recuerdo, distancia que está unida por el puente del trabajo estético.

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