Los caminos no vistos

Sutilezas invisibles


Una propuesta tiene una finalidad; si no la cumple por cualquier razón, hay que cambiarla, y no precisamente por un puesto en una biblioteca, un mayor número de clases, premios, becas o cualquier prebenda que ofrece el Mandamás de la llamada cultura.

Luego que mi idea de abrir un foro de disertaciones literarias recibió un silencio sostenido en público, aunque muchos comentarios en el nivel del rumor, de esos que llegan de rebote, pues hay que ir a otra cosa.

Puedo decir que Marx no cambio mi visión del mundo pero afinó la que tenía, pues ciertamente, a pesar de las todas las declaraciones del fin de la filosofía clásica hasta la muerte de las ideologías, ambas se mantienen aunque tengan otras vestiduras.

La psicología, por ejemplo, ha hecho de la visión del mundo una representación, un convenio grupal, que se eleva de la división social en burgueses y proletarios a una clase no visible (los ricos) y otra de emprendedores; a la sociedad como un campo de futbol americano en donde cada sujeto tiene una función de acuerdo a su condición física y a la disposición frente al coach

Prácticamente, la sociedad actual está dividida en dirigentes (en todos los ámbitos sociales) y seguidores que se encargan de mantener el halago y la expresión de júbilo y de aceptación exacerbada de los dirigentes.

Estos complacen a los seguidores compartiendo sus vidas públicas en las denominadas “reuniones after” un evento, a las que, obviamente, sólo se hace partícipe a algunos, pues para ser elegido a ellas hay que demostrar el respeto y la querencia.

Hay, se dice, un grupo de segundo nivel que toma lista de presencia y califica la actitud, pues los dirigentes, como en las mafias, necesitan tener la certeza de la incondicionalidad del seguidor a las ideas, objetivos y acciones que propone.

No ha mucho, un conocido me comentaba que un dirigente, emergente tras las muerte de un dirigente consagrado, decía que la poesía pone al poeta frente a la Musa y que quien no participa de eso ni era poeta ni escribía poesía.

La sociedad ya no está dividida tal como Marx dijo en El Capital ni en La Ideología alemana, hay sutilezas descubiertas y reconocidas por sus seguidores –Weber, Adorno o Habermas–,  ahora invisibles al corazón que solamente cree en la libertad de expresión y en que la realidad es una convención social y lingüística, como creían los nominalistas que, como Berkeley, preguntaba si el árbol que caía en medio de un bosque solitario producía algún tipo de ruido.