Los caminos no vistos

Poetas jóvenes, poesía menor

En la poesía tradicional se hace una distinción técnica entre versos de arte menor y versos de arte mayor que de manera metonímica se traduce a poesía menor y poesía mayor.

Específicamente, versos de 2 a 8 sílabas con de arte menor y de 9 a 16 son de arte mayor.

Hay quienes dicen que la unidad mínima del habla, lo que decimos en una sola emisión de voz, es una enunciación de 7 sílabas, un segmento oral de arte menor: 7-8 sílabas.

A partir de esta unidad mínima, en la construcción de un verso se van agregando sílabas hasta lograr el número deseado: un endecasílabo, verso de 11 sílabas, será 8 + 3; un alejandrino, de 14 sílabas, 8 + 6.

Para la poesía moderna se estableció otro sistema de medición de los versos. La línea y el versículo son otras formas en las que se le da relevancia a la esticomitia, es decir, la equivalencia del verso con una idea lógica y gramaticalmente completa.

El verso de Pablo Neruda:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche,  es una idea completa expresada en un verso alejandrino, de 14 sílabas, un caso de esticomitia.

Dejamos la medida del verso y nos atenemos al ritmo, a la combinación de los acentos en las palabras; ahora es la prosodia la base del ritmo poético y no el verso medido.

Estas modificaciones en la expresión literaria son consecuencia de la libertad que anunciara Hegel luego de afirmar el fin de la filosofía clásica.

La Estética y las Arte poéticas habían modificado su status, y de ser descriptivas, se volvieron prescriptivas hasta nuestros días. Estas eran el canon, la norma, el deber ser, que, al fin de la filosofía, se desecha.

Ahora hay una libertad plena: el autor puede hacer todo lo que le venga en gana, aunque hay una disputa entre los que sostienen la prescripción y los de la descripción que persiste.

De esa querella ha resultado una fuerza que arrolla a todo el pensamiento y el sentir de la creación cuya energía, caudal, es inagotable.

Curiosamente, la libertad crea sus propios monstruos, como lo podemos observar en los pueblos  liberados de sus colonos; hay una exacerbación en todo hasta el nivel de la angustia, pero, curiosamente, en la expresión poética ocurrió lo contrario.

Los escritores se fueron escondiendo, ensimismándose, hasta la casi aniquilación de su propio yo.

La poesía –aceptando sin conceder –que se escribe hoy es una poesía menor, por su técnica y por sus contenidos, pues aunque el motivo y el objeto sea el hombre mismo, lo que vemos es un hombre devaluado, que no reconoce los atributos humanos que tiene, un hombre sin historia propia, enajenado de la humanidad, segregado de ella por él mismo. El autor no sabe lo que quiere, sólo lo que no quiere, y sobre ello habla.

Textos fragmentarios, enumeraciones caóticas, ideas incompletas, interjecciones, economía lingüística, falta de coherencia, textos sin tensión, dependientes de otros textos, son algunos de los atributos de estos textos que escriben los que hoy están pujando para ponderar lo que hacen.

No están contra el mundo; son sus víctimas. Se duelen de lo que la vida ha hecho con la naturaleza y con la sociedad. Incapaces de enfrentar, encarar o confrontar los hechos, se refugian en la escritura, en sus grupúsculos, buscando un nivel de seguridad aunque sea efímero.

Todas estas características de la escritura nos muestra una poesía menor en su contenido, aunque el yo sea el principal protagonista; y menor en su técnica, pues luchan todavía entre los versos de arte menor, las rimas interiores, las exteriores y fáciles, consonantes o asonantes, las metáforas creadas a la manera de la publicidad, una poesía ensimismada, que se ve continuamente el ombligo.

Esta poesía carece de horizonte… como el perro que se muerde la cola, no va más allá, es un happening, algo que se hace en este momento y luego desaparece.