Los caminos no vistos

Guadalajara (in)culta

Guadalajara tiene dos ferias del libro al año, una internacional y otra municipal. A ellas se les ha sumado la de libros usados y dos expo-ventas semanales, del Callejón del Carmen y del Corredor Cultural de Chapultepec.

Yo me pregunto ¿por qué, si hay tanto libro la gente no lee?; ¿por qué si hay tanta promoción, la lectura es una actividad que poco se toma en cuenta por las personas?

Desde mi punto de vista, la querella está mal planteada, porque se confunden los actos de comprar y de leer.

No todo libro que se compra se lee; pero toda compra se contabiliza como lectura por la probabilidad de que el comprador lo lea.

Confundir comprar con leer es la causa del fracaso rotundo de toda promoción a la lectura; tal confusión ha generado unos elefantes blancos denominados bibliotecas, cuyos servicios son ineficientes.

¿Cuántas bibliotecas hay en Guadalajara y qué servicios prestan?

Hasta donde sé, solamente hay dos bibliotecas en la ciudad. Una ubicada en un edificio administrado por el Ejército nacional y otra municipal en donde estaba el Penal de Oblatos.

También se dice que hay un Sistema Estatal de Bibliotecas que, hasta donde tengo noticia, es de servicio interno en las escuelas de nivel secundaria.

Y la más grande biblioteca nunca antes jamás soñada en nuestro Estado, recientemente inaugurada por la Universidad de Guadalajara, que ostenta el nombre de Juan José Arreola.

Todas estas bibliotecas son de uso interno, solamente para los alumnos de la institución donde se inscriben; y carecen de servicios para toda la ciudadanía, a pesar de que ella es la que paga con sus impuestos tanto los edificios como los libros, los sueldos de los que las administran y del personal técnico.

¿Cómo es que las bibliotecas son un monopolio y no prestan servicios a la ciudadanía?

La ausencia de préstamos a la ciudadanía en general, así como la ubicación de las bibliotecas fuera del alcance de los ciudadanos, implica un acto de discriminación cultural.

Entonces, tal parece que lo que promueven los gestores de la lectura es el consumismo de libros.

En Guadalajara hay personas de 40 años promedio cuyo nivel de lectura es de segundo de primaria. ¿Para qué sirve la educación, entonces?, ¿para que gasta el Estado millones de pesos en editar libros que solamente leerán de manera obligatoria aquellos que están en las escuelas?

Yo diría que las bibliotecas, los bibliotecarios y los gestores de la lectura, deberían trabajar en la enseñanza de la lectura, no en la dirección subliminal de la compra de libros..