Los caminos no vistos

Esperanza Gama en Guadalajara

Esperanza Gama es una muchacha triste de ojos de miel bien abiertos.

Una muchacha triste que ha caminado por el mundo y lo refleja.

Una muchacha de ojos de miel, con una línea pictórica redonda como la luna.

Ella es la Tierra que con el tiempo se ha transformado en árbol, en cuyas ramas hay flores, frutos y pájaros de distintas especies que se sienten, se sabe que están metidos entre las ramas.

Seis de sus ocho cuadros son ella misma mirando al infinito de tanto mirar las cosas terrenas; son una historia que está vibrante en ellos, que aún no descubro cabalmente, porque esta exposición que está en una de las salas de palacio municipal es sólo el fotograma de una película intensa en la que podemos ver la línea curva, el color terracota, el pigmento de la corteza del árbol y una realidad que se refleja como un proceso. Un proceso que está allí enmarcado, que rebasa todo límite, que se conjunta y se expande.

Esos cuadros son espejos en los que puede observarse uno en el momento del enouement, el clímax en el que saboreamos lo agridulce de ver cómo han salido las cosas, pero no somos capaces de decirnos a nosotros mismos cómo ha pasado. Esa es la magia de Esperanza.

Hay dos cuadros que me llamaron la atención poderosamente. El de una mujer con los ojos cerrados, iluminada como resolana, plácida y en la actitud de estar recibiendo un beso. Y el de un hombre con los ojos amarilloaceitunados abiertos, que mira a lo lejos, al horizonte, pero no ve nada de cerca. Me pregunto si ve realmente a lo lejos o está ciego. Y si sólo mira a los lejos no mira a quien tiene cerca.

La conjunción de esos cuadros me dice que la esperanza está en el horizonte y que el beso ya fue dado.

Esperanza tiene un secreto que sólo ella conoce, pero que, picarescamente, nos deja una clave en un cuadro que tiene precisamente ese nombre, “El secreto”.

Un cuadro misterioso, que atrae y embelesa, pero no deja que entres, que vayas más allá, y entonces me pregunto si estos fotogramas de Esperanza Gama no son como las mil y una historias de Scherezada.

Neri Tello pegunta a los poetas cómo se transforma el lenguaje cotidiano en lenguaje poético. Yo le sugiero que le pregunte a una mujer de las que tienen en el corazón la raíz de la tierra y saben, como Esperanza, que esas raíces tienen alas. Allí está la respuesta.