Los caminos no vistos

Escribir es un oficio

Una joven escritora publicó en el Facebook una afirmación que llamó mi atención por la preocupación estética manifiesta en ella. Decía que “sólo un gran artista puede realizar una obra de arte, pero únicamente un genio puede realizar una e inspirar una…”.

Un segundo planteamiento fue el de la congruencia entre el artista y su obra: “¿Puede un misógino escribir bellamente sobre la mujer, aunque llegando a su casa la maltrate, porque sólo importa la belleza”?

De estos planteamientos podemos deducir la ambivalencia entre la teoría y la técnica, y entre el arte perenne y el arte transitorio.

Aparte de la falta de reflexión estética, las ideas de deconstrucción de Derrida han generado una gran movilidad léxica entre los distintos campos del conocimiento. A esa movilidad lingüística le han llamado “creatividad” y es un recurso actual para la elaboración de las obras literarias.

Los escritores jóvenes, como dice mi amigo Jorge, no tienen todavía el oficio de escritores, y mi respuesta a esto es que nunca tendrán ese oficio porque los conocimientos adquiridos en las facultades o en los talleres literarios no enseñan la utilización del lenguaje y su aplicación en la composición.

La preocupación manifiesta es la punta del iceberg de la ignorancia de estos jóvenes que esperan, a fuerza de imponerse mediante su presencia en las “lectura de poemas”, “presentación de libros” y “performances”, legitimar lo que están haciendo.

La poesía cultivada por estos jóvenes es el producto de la creencia de que lo espontáneo, lo natural, lo fresco, nada tiene que ver con el trabajo y la voluntad de hacer poesía, según los cánones del postmodernismo.

La diferencia profunda entre un obrero y un poeta, radica en que el primero solamente actúa en la construcción material de un objeto, en tanto que el segundo concibe la obra desde sus inicios hasta que la termina completamente.

Finalmente, hay que hacer una diferencia entre escribir y publicar, pues la creación poética tiene su propio tiempo: la concepción, los tanteos para compaginar lo pensado con la forma en la que se quiere manifestar y su expresión final, y la labor del editor corresponde a la creación de un objeto distinto a la poesía, el libro, que tiene su forma normada por reglas distintas a las de la composición de un poema.

La praxis literaria se funda en la sintaxis, en la lógica de la expresión y en la psicología de lo expresado.

No hay obra sin oficio, pero el oficio solo no hace obras de arte.

Y la praxis siempre es posterior a la inspiración.