Los caminos no vistos

Amado Nervo "in memoriam"

Mientras el escritor de versos describe cuadros de grandes pintores o vuelca sobre el papel sus pensamientos como ácidas vomitadas, los que dirigen la sociedad saquean la riqueza de la nación, explotan la fuerza del trabajo de los conciudadanos, matan, desfalcan, amparados por las leyes.

En una sociedad del futuro, los explotados en las fábricas, en los comercios, no tendrán palabra qué decir, porque abrir la boca implicaría de verdad –y no como en las novelas, los relatos o las películas– perder  su modo de subsistencia en un lugar donde hay una gran cantidad de hombres que esperan, como en los tiempos de Zolá, una oportunidad para ingresar a ese mundo del trabajo para ganar un pan “duro, pero seguro”, y por eso, para el que protestara significaría el despido, la afectación, quizás la muerte, no sólo de él sino de todos sus dependientes económicamente.

Había cientos de hombres esperando que alguien muriera o lo despidieran de la fábrica o de las minas para ocupar su lugar. Una lucha sorda era manifiesta en todo el territorio nacional, sin aparente repercusión alguna sobre aquellos que se dedicaban a la ideación de nuevas formas de pensar. Había fiesta en los llamados centros culturales, había maledicencias de manera educada entre los miembros de un grupo de pensadores y otro, dando a entender que realmente no pasaba nada, y menos en la vida nocturna de los antros en donde la felicidad era un respiro, la verdadera libertad.

Pero, de verdad, ¿qué harían esos pensadores que estaban al servicio de los que gobiernan y dirigen la sociedad si no estuvieran todos esos ganapanes que la sostienen?

Albañiles, mecánicos, fontaneros, electricistas, vendedores de puerta en puerta, repartidores de leche, refrescos, cervezas, gas; carteros, choferes de autobuses, taxistas, ¿qué harían sin ellos?

Amado Nervo, en una de sus reflexiones decía que, en un tiempo no lejano, la sociedad se dividiría en los gozadores de todas las riquezas sociales y los productores de esas riquezas; éstos se encargarían hasta de la producción de hijos, que se educarían para el gozo o para la producción, según su constitución física, su belleza.

Los productores de ideas y de arte ahora están envejecidos y no hay manera de rejuvenecerlos. Todo el arte es caduco, repetitivo, aséptico, sin vida. Pronto la vida misma estará robotizada y la felicidad fluirá como aceite entre las tuercas y tornillos de la sociedad.

A la luz de la lucha del hombre contra la Naturaleza, realmente será un triunfo, un logro mayor que el primer paso en la superficie de la luna.