Columna Invitada

Positivo, el análisis del caso Ayotzinapa en Ginebra

La desaparición forzada es un delito multidimensional y por eso, entre los temas tratados en el comité de la Naciones Unidas, se analizó lo relacionado con el arraigo, el acceso a la justicia y la situación de los migrantes y de los menores en México.

Jorge Luis Borges decía que a Ginebra, la ciudad de su adolescencia, de sus últimos días y también de su tumba, le debía el haber descubierto el francés, el latín, el alemán, incluso la nostalgia de su Buenos Aires.

Para Borges, Ginebra era, por esas y otras razones, una patria íntima, una ciudad propicia para la felicidad.

La reciente sustentación del Estado mexicano ante el Comité sobre Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas, en la ciudad de Ginebra, Suiza, representa una oportunidad propicia para fortalecer la protección y observancia de los derechos humanos en nuestro país.

Ninguna otra sustentación ante los comités de las Naciones Unidas, que son los órganos intérpretes de los tratados que nos vinculan, había generado antes tanto interés en México.

Ni siquiera la sustentación realizada el año pasado ante el Mecanismo de Evaluación Periódica Universal, que se realiza cada cinco años, logró concitar una expectación tan grande.

No hay duda de que, en esta ocasión, el caso fue acicateado por la presencia de la representación de los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, quienes en ejercicio de un derecho legítimo a ser escuchados, se reunieron con expertos integrantes de ese comité.

En realidad, entre las muchas cosas que debemos a los familiares de los normalistas está el sacar el mayor provecho de las lecciones que lo sucedido el 2 y 3 de febrero nos dejan. Por razones de espacio apuntaré solo algunas.

Primero, debemos celebrar que México participe, por medio de sus representantes, en este tipo de mecanismos. La presencia del Estado ratifica el cumplimiento de las obligaciones que le corresponden en virtud de los tratados firmados ante la comunidad de naciones, en este caso, el que intenta proteger a todas las personas de las desapariciones forzadas.

Se trata de un ejercicio de rendición de cuentas, en donde los cuestionamientos realizados por los expertos tienen una complejidad, sofisticación técnica y profundidad que vale la pena conocer.

Una sustentación no es un día de campo y quien así lo crea nunca se ha tomado la molestia de corroborarlo. El ejercicio deja una gran cantidad de información que debe ser evaluada por todo aquel interesado en los derechos humanos en este país para sacarle todo el jugo posible.

Segundo, la sustentación celebrada esta semana explica, de la mejor manera, que los derechos humanos son interdependientes, tal como lo señala nuestra Constitución.

La desaparición forzada es un delito multidimensional y por eso, entre los temas tratados en Ginebra, se tocaron el arraigo, el acceso a la justicia, la situación de los migrantes y de los niños en México.

En otras palabras, en una sola sustentación ante un comité de Naciones Unidas, toda la política en materia de derechos humanos del país puede ponerse a discusión.

Tercero, lo sucedido al principio de la semana en el Comité sobre Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas en Ginebra debe ser atendido permanentemente por la sociedad, por los estudiosos y por los medios de comunicación en acompañamiento de quienes han sido víctimas de este aberrante delito.

Si el caso de los normalistas de Ayotzinapa puede tener algo positivo es el haber colocado hechos atroces, que nadie quiere ver repetidos, en el centro del debate público.

Además, y yendo de la mano con lo anterior, a finales de la semana que viene deberemos posar la mira en las recomendaciones y observaciones que el comité publicará. Las y los mexicanos tenemos todo el derecho a conocer esas recomendaciones y a recibir, de nuestras autoridades, una explicación clara acerca de cómo habrán de atenderlas.

Por último, debemos hacernos cargo del efecto pedagógico que este suceso ha empezado a tener para la opinión pública. Es preciso que, con la ayuda de los medios de comunicación, el mismo se mantenga.

Ojalá que el próximo ejercicio a celebrarse en el verano, ante el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, merezca el mismo interés.

En todo caso, espero que en un futuro, al igual que Jorge Luis Borges y a partir de las conclusiones a cargo del Comité sobre Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas, los mexicanos veamos lo que representó esta semana Ginebra, en nuestra propia historia, como piedra angular en la consolidación del Estado democrático de derecho, de justicia, de paz y armonía al que todos aspiramos, esto es, como un lugar propicio para la felicidad.

*Especialista en materia de derechos humanos y justicia