Miscelánea Política

Una preocupante ausencia de liderazgo

El liderazgo político no es bueno ni malo en sí mismo, es un medio de dominación e influencia social, cuya bondad o maldad está dada por sus objetivos y la forma como pretende alcanzarlos, a través del aparato del estado, los instrumentos partidistas y el ejercicio público.
Será aceptable si se sustenta en el consenso y el convencimiento de las mayorías, en lugar de la imposición o la obligación de obediencia ciega a reglas estatuidas por el líder y su grupo político, expresadas mediante el ejercicio burocrático de la legalidad,la cooptación, la coacción y la represión en casos totalitarios o extremos. El dominio patriarcal u oligárquico, no corresponde al liderazgo legítimo y por ende, se refuerza en la idea de santidad de los ordenamientos y poderes señoriales existentes, que deben ser obedecidos por esta aparente cualidad tradicional y no por su validez o efectividad sociales.
Es evidente que en estos momentos, México carece de liderazgos legítimos. Esta vez, la cabeza del poder público ni siquiera se esforzó por aparentar cualidades personales que pudieran proporcionarle reconocimiento y legitimar sus decisiones. Las consabidas reformas se aprobaron por dedazo y sin importar las consecuencias negativas para la mayoría de la población, vista como una masa informe, sin derecho a manifestarse y sin opciones para hacer valer su inconformidad. El futuro ha sido hipotecado mediante un proceso express y los responsables ni siquiera se dieron cuenta de ello. Para qué debatir, si en los promotores de las reformas sabían de la imposibilidad de salir vencedores del cuadrilátero de la inteligencia y las ideas. Ni siquiera recurrieron al apoyo de intelectuales orgánicos, como acostumbraba Salinas para impulsar sus reformas.
En la experiencia histórica de México, enfrentamos un retroceso conservador y centralista, que nos remite de golpe y porrazo a la época del Porfiriato, con ausencia de liderazgo. Los instrumentos de contención política han desaparecido o se ven criminalizados desde el Congreso, con el aplauso de los medios cómplices y los reaccionarios ignorantes de siempre.
Lo anterior explica porqué los índices de aprobación de Peña Nieto se han derrumbado. En Los Pinos tenemos un gerente y no un líder político. La izquierda colaboracionista picó el anzuelo con absoluta ingenuidad y hoy sólo protesta para tratar de no pasar a la historia como parte de quienes traicionaron a los mexicanos y entregaron sus riquezas a quienes nunca se resignaron a perderlas. Y ya mejor ni hablamos de otros ámbitos de poder, como el PRI local, donde Pablito está muy lejos de ser ya no líder, de acuerdo con lo expuesto, sino al menos gerente eficaz.
La ignorancia es tan atrevida que olvida que el poder debe ser encauzado a través de todos los factores que definen el liderazgo para responder legítimamente a los intereses de los gobernados e incluso tropieza con la misma piedra: el autoritarismo, el fracaso y la pobreza tienen una relación directa con la informidad, la resistencia y el levantamiento liberador de la sociedad. Al tiempo, señores.