Miscelánea Política

¡El que se mueve no sale en la foto!

Para doña Aida Weston De

González. Con el cariño que le profeso.

(Q.E.P.D)

¡El que se mueve no sale en la foto¡, esta conocida expresión resulta un comentario pronunciado en una entrevista por el político español nacido en Sevilla, Alfonso Guerra González, declarado hijo predilecto de Andalucía, figura destacada en la transición democrática española, vicepresidente con Felipe González por el (PSOE), Partido Socialista Obrero Español, por sus siglas y que aquí en México hizo famosa Fidel Velázquez quien “…Se refería, en abstracto, a que uno tenía que cuadrarse con el jefe, quedarse calladito, servirle a los de arriba pa’ recibir algo de hueso”. (Google), esta famosa frase sigue siendo repetida por supuestos augures pamplineros en esta, nuestra grotesca democracia y en nuestra política mexicana convertida en un verdadero pancracio, en el que los que se anotan, suspiran y levantan la mano para ser tomados en cuenta por los amos o dueños de los institutos políticos, mimetizados entre sí y desviados de sus propias ideologías puedan echarles un lazo y poner su dedo sobre sus cabezas, para lo cual deberán demostrar su acendrada “institucionalidad”, (sic. Sometimiento?), diligencia, abyección, una gran presteza para servir y obedecer órdenes lineales y por supuesto saber realizar con gracia las veces que sea necesario, una adecuada genuflexión.

Los otros poderosos, mueven sus influencias para colocar a sus esposas, hijos, compadres, cómplices, en suma, a todo aquel que convenga a sus intereses personales y no se salgan del redil de sus futuros moruecos, unos correrán con suerte, otros serán desconocidos. Para muestra,  ahí está  la ex primera  Dama, de aspiraciones malogradas, (eso comentan en el PAN), aspirante a una curul en San Lázaro.

Hoy parece que la fuerza de su cónyuge, Felipe Calderón obiter dictum, autor de la militarización de todos los espacios urbanos del País y responsable ineludible de que el narcotráfico y el crimen organizado actuara a sus anchas apoderándose de México y de los Mexicanos. En fin, que los aspirantes, en su mayoría bisoños juniors de postín y cercanos a los chupópteros del poder,  ya se alisan los bigotes y gesticulan una y otra vez en el espejo, en ensayos deliberados de la sonrisa fingida que les permita iniciar su carrera política en tan importante cargo. Otros, los que menos, con “experiencia” en estos menesteres, aunque con poca sustancia y materia gris, ya se aprestan a luchar e ir a cuchillo por un lugar en las plurinominales que les aseguren tres años de dieta y prebendas.

Hemos mantenido el aserto de que el mundo de la política se halla inmerso en un estado de incredulidad difícil de superar y que la política no es ninguna farsa a pesar de que existan farsantes que la denigren, pero también hemos dicho que hay una gran diferencia entre esta y la politiquería, hoy en manos de quienes detentan el poder en sus pequeñas o grandes parcelas y participan como representantes electorales, ya como senadores ya como diputados, presidentes municipales o gobernantes de los estados, con sus salvas excepciones.

Entonces, una reforma en materia electoral se hace indispensable. Reducir el número de diputados, eliminar las plurinominales (y conste que yo lo fui), establecer mecanismos mínimos que garanticen que quienes participarán en un  cargo de elección popular, conozcan los problemas y la situación económica de sus lugares de origen y del país en general, y de los baches insuperables en los que estamos inmersos en todas las áreas y ámbitos de este México que se dobla pero no se rompe y que tengan verdaderas propuestas para superarlos, una pequeña dosis de  cultura general, aunque sea verdaderamente nimia.  

Por ello es muy comprensible que la “política” y los “políticos” asustan a los electores, porque su actividad requiere un poco de credibilidad y un atisbo de preparación en las acciones que prometen emprender, o porque piensan que los poderosos los dominan, en lo que de cierto no están equivocados.

La pregunta se hace indispensable ¿será cierto que el que se mueve no sale en la foto? o, en estos tiempos ¿será todo lo contrario? y viene a mi  memoria la aplaudida frase de López Portillo: “En México lo que necesitamos es administrar la abundancia”, ¿pero de qué? Seguramente de los que si quieren salir en la foto. Lo digo sin acritud ¡pero lo digo!

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