Miscelánea Política

No es lo mismo parir que expulsar

Para César Musalem J., mistagogo de la política


Puebla habrá de convertirse en una trapisonda para el CEN del PRI; si por enfocarse en expulsar a los traidores responsables de la debacle de este partido el pasado 7 de julio se olvidan de atender el estentóreo parto de los montes en que se ha convertido el asunto de la renovación de la dirigencia estatal, que al igual que la fábula de Esopo, amenaza con dar a luz un ratón tan pequeño, o más, como nuestro inefable amigo y cliente de esta columna, don Pablito Fernández del Campo.
Obviamente no es lo mismo expulsar que parir. De ser cierto que en el CEN ya se decidió expulsar a Javier López Zavala y Enrique Doger, por su actuación en el pasado proceso electoral y la reciente fractura de la fracción del PRI en el Congreso local (“Cosas veredes, Cid, que farán fablar las piedras”), quienes ordenen la ejemplar sanción deberán tener presente que lejos de cimbrar al PRI en Puebla y funcionar como medida preventiva para frenar de tajo a los cientos de priistas tránsfugas que hay en el estado desde hace tres años, este tipo de acciones afectaría la cohesión si no va acompañada de otras decisiones, orientadas a rescatar verdaderamente al partido de su peor crisis de identidad y organización en 80 años.
En primer lugar, para que la resolución sea justa y se revista con la legitimidad necesaria, debería ampliarse a todos aquellos que han traicionado los principios del partido y colocado sin pudor al PRI poblano en la crisis que hoy padece. Incluir entonces a los (in) Morales, Fernández del Campo, Fernando Moreno, Edgar Salomón Escorza, Jorge Ruiz Romero y demás conspiradores profesionales, que lucraron y se beneficiaron directamente.
Tener el valor suficiente para reconocer que Zavala y el PSI no fueron los únicos responsables de la derrota del tricolor. También los malos candidatos, resultado del nepotismo y la subasta de posiciones orquestada desde la dirigencia local con pingües negocios a la vista. La ausencia de liderazgo, estrategia y operación. La sumisión y cobardía ante el ejercicio local del poder. El olvido y falta de respeto a los principios que dieron origen al partido. La traición a las bases y el grito final de “¡Sálvese quien pueda!”.
Luego, la expulsión debe venir acompañada de una verdadera sacudida, de un parto grandilocuente y doloroso, que dé a luz una oportunidad real para recomponer el partido desde sus bases, con apego a sus principios y en defensa de los intereses de la verdadera militancia.
Hay que rescatar al PRI de los malos priistas, de los políticos vendidos, cobardes y convenencieros, de los que utilizan a los simpatizantes únicamente para escalar posiciones, hacer negocio y mejorar su situación económica. 
Seguro hay varios que pueden tomar la estafeta y enfrentar el reto. Yo sólo puedo hablar por mí y sostener que estoy dispuesto a hacer la parte que me corresponde. Como consejero que creo que fui si es que ya me defenestraron e incluso desde una posición de liderazgo. Mi pasado me respalda. Siempre he salido a defender la esencia del PRI y a criticar a todos los que se oponen o la traicionan. Jamás he lucrado con mis responsabilidades políticas y conste que ofertas no faltaron, ¿verdad Pablito?, ¿o tendrás las agallas y las gónadas para contradecirme? ¡Ojalá!, me encantaría.
Invito a todos los que estén de acuerdo o coincidan en parte con lo expresado, a dialogar, sumarnos y tomar la iniciativa de rescatar el partido. Puebla no puede esperar.
Se hace necesario que el presidente del CEN, César Camacho Quiroz, voltee la vista a quienes como yo hemos defendido con uñas y dientes al tricolor, vendido por el inefable Precioso por salvar su pellejo. Me respalda mi trayectoria como presidente del Comité Municipal, aunque a muchos paniaguados, zalagardas y agachones, hoy aspirantes a la dirigencia estatal de mi partido, les duela. Ofrezco, como lo cumplí en los hechos, una convocatoria plural y democrática, orden y cohesión, así como desterrar de este instituto las prebendas y la intolerancia. Por tanto, lo digo a voz en cuello: sí aspiro a ser presidente del CDE del PRI en Puebla. Sólo falta la determinación y la firmeza de las bases y el aval de la dirigencia nacional, para que se consume. La pelota está en su cancha.