Miscelánea Política

Una historia política que contar

Recuerdo que siendo presidente del PRI en la capital, entonces partido abierto a la democracia interna, alejado de la simulación, del dedazo, del sometimiento y de la imposición central, por lo menos así lo creía, insistí en diversas ocasiones al primer priista del Estado Mario Marín, la necesidad de que los cuadros más avezados, leales y combativos de nuestra ideología hoy desdibujada, hasta convertirse en la praxis que propala Peña Nieto desde el centro, contraviniendo el artículo 41 de la Carta Magna, en amena charla y previo a las campañas, el entonces gobernador me aseguró que los candidatos en la Capital serían los mejores, los más aptos, en suma, políticos de arraigo y con un gran compromiso social que nuestros estatutos y principios básicos preconizan en la letra.

Confiaba en que pese al hándicap en contra de nuestro candidato al Gobierno del Estado, Javier López Zavala, Mario Marín me aseguraba que los candidatos en la capital no serían enchufados ni puestos a dedo. En una tarde plomiza de un domingo del mes de junio, personalmente le reproché con energía al entonces gobernador que las y los candidatos en la capital eran unos advenedizos, ignorantes, sin oficio, y que no iba a cargar sobre mis hombros a esos mindundis que finalmente fueron arrasados, pese a los incontables días, tardes y noches de desvelo junto con mis equiperos, fieles a quien esto escribe, para tratar de evitar la debacle.

Esa tarde noche, me reuní en el Hotel Lastra con Alejandro Armenta, Julieta Marín y Javier López Zavala (si no es cierto, que me contradigan), entonces candidato a la gubernatura, les hice saber que el gobernador había entregado la plaza, y que sus acciones eran una señal inequívoca de la estrepitosa derrota que a la postre se produjo.

Previo al cierre de campañas, Armenta Mier realizó una rueda de medios alabando a los entonces candidatos perdedores, algo que por supuesto no iba a permitir, entonces, hice presencia en 2 medios importantes y con 2 periodistas reconocidos; el primero con Alejandro Mondragón, a quien al aire le expresé mi malestar y mi inconformidad por las decisiones tomadas por el entonces primer priista del Estado, la más importante fue mi intervención abrupta con Fernando Canales, quien en esos momentos entrevistaba al hoy gobernador Rafael Moreno Valle, con quien tuve una improvisada entrevista a la limón en relación a los acontecimientos oprobiosos y deleznables del entonces gobernador que ofendía a las bases del partido, al imponer a dedo a politiqueros de baja estofa y nimia inteligencia en estos menesteres y en cualesquiera otros.

El hoy gobernador, quien no me dejará mentir, estupefacto, esperó que saliera de cabina para preguntarme dada nuestra relación de amistad ¿qué había pasado? Grosso modo, le expliqué lo antes dicho, y convenimos dialogar en el famoso desayuno del Royalti de político a político, en donde como si de un panal de abejas se tratara, nos acompañaron todos los medios de comunicación, precisamente en el aniversario del PRI, donde tenía un lugar junto a Beatriz Paredes. El desayuno se produjo y al día siguiente mi linchamiento mediático: “Cañonazo de 15 millones de pesos a Meza”; “Alta traición en el PRI”; “Que expulsen a Meza”, chillaban otros; de inmediato mi amigo Valentín Meneses, entonces secretario de gobernación, siempre atento y amable con mi persona, me pidió tomar un café en Los Sapos por órdenes de su compadre Mario Marín. Le hice saber al “Vale” que el tongo estaba descubierto, Marín finalmente había sido sometido y haría lo propio para entregar la plaza, mis pronósticos que obran en las hemerotecas de aquél desayuno finalmente se cumplieron, el PRI fue arrollado por Rafael Moreno Valle, y los priistas fuimos engañados por quien aseguraba nos llevaríamos un precioso carro completo.

El día de la elección, me acompañaba Mario Montero Serrano y su señor padre de todos mis respetos, eran las 10 de la mañana y las encuestas no nos daban la mínima posibilidad de remontar la debacle que se avecinaba, el hoy dedicado de lleno a su notaría en Cholula y su señor padre, seguían incrédulos el desarrollo de la jornada electoral, mis sospechas se confirmaban, se lo dije una y otra vez a mi equipo:“…Marín entregó la plaza…”

En estos momentos, y en vísperas de que se cierren las campañas electorales, las cosas no van bien para el PRIAN, candidatos levanta dedos, sometidos, ignorantes, y con una urgente necesidad de aprender el abecedario, con sus salvas excepciones, de llegar a ganar, se convertirán en los “teleñecos” del poder central. Ojalá y la bufalada priista no opere en favor de quienes carecen de la mínima capacidad para representar al electorado poblano en una curul.

Reitero, podrán llamarme resentido, inconforme, rebelde, por haberme cerrado las puertas a la democracia interna de mi partido, pero quienes me conocen y vivieron mi gestión, están ciertos de que nunca permití una imposición ni me sometí a órdenes lineales. Mi rebeldía por creer en los estatutos y principios básicos de un partido que nace con la revolución sigue incólumes, aunque la praxis de Peña lo desdiga. ¡Que con su pan se lo coman! Lo digo sin acritud ¡pero lo digo!

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