Miscelánea Política

Una fórmula para el PRI

Si Lastiri y Armenta operarán para rescatar la dirigencia en el estado, lo interesante será ver a quiénes piensan apoyar para los principales cargos

En el juego de improntas y porvenires del priismo local, quienes por el momento acechan con mayor vocación, capacidad y estrategia, son el Subsecretario de Prospectiva, Planeación y Evaluación de la Sedesol, Juan Carlos Lastiri Quiroz, y su aliado, el Director General del Registro Nacional de Población e Identificación Personal de la Segob, Alejandro Armenta Mier.
A los dos, como expresidentes del CDE del PRI y políticos fogueados con aspiraciones a plazo, les preocupa el lamentable rumbo que lleva este partido en manos del imberbe Pablito Fernández del Campo.
Poco a poco, con tacto, presencia e inclusión, empiezan a aglutinar a quienes no están conformes con el estado actual de las cosas, bajo un proyecto simple y común: recuperar el rumbo en el PRI local y obtener la mayoría de las diputaciones federales que estarán en juego en el 2015.
Mientras algunos legisladores federales apuestan por un liderazgo tibio y el dedazo central para la toma de decisiones, Lastiri y Armenta han optado por aplicar lo aprendido a lo largo de su vertiginosa carrera política, desde que iniciaron como jóvenes presidentes municipales hasta ahora, que son encumbrados funcionarios federales, cercanos al círculo íntimo de Enrique Peña Nieto.
Secretarios, subsecretarios, legisladores, presidentes municipales, dirigentes partidistas y ahora funcionarios federales, Lastiri y Armenta, Armenta y Lastiri, integran una fórmula exitosa y con probada experiencia, a partir de un historial político que muy pocos reúnen.
Pero no todo es miel sobre hojuelas. Las responsabilidades de Juan Carlos y Alejandro son tales, que se les complica atender directamente el caso Puebla y requieren entonces apoyarse en operadores que entiendan la estrategia y estén a la altura.
En ese tenor, si Lastiri y Armenta operarán para rescatar la dirigencia priista en el estado, lo interesante será ver a quiénes piensan apoyar para que ocupen los principales cargos, pues es evidente que dejar algo tan importante en manos de teleñecos, sólo empeora las cosas.
Es aquí donde tejer alianzas y compromisos empieza a tener un papel preponderante. En política, la palabra tiene la capacidad de construir y derribar imperios. Quien honra su palabra, generalmente alcanza lo que se propone y conserva aliados. Quienes como Pablito y aquellos que lo impulsaron, faltan a sus promesas de manera constante y hasta obsesiva, suscitan animadversión, generan enemigos y finalmente fracasan en su ambición, al no haber podido convencer ni aglutinar a nadie a su alrededor.
Por supuesto, no basta con tener la voluntad de cumplir la palabra. Se requiere también tener visión para saber con quién comprometerse, valor para hacerlo y capacidad para poder cumplir. Pero sobre todo, son necesarias la honorabilidad y la congruencia con uno mismo, para no sacrificar los principios que buscamos representar y defender, en aras de una fama lucrativa y momentánea, que sólo nos aleja del camino de la historia.
Esta vez no cabe la soberbia. Si ya decidieron asumir el reto, toca el turno de sumar fuerzas. No hay que dejar al garete el capital político de Enrique Agüera, como tampoco el de Guillermo Deloya, Jorge Estefan y Germán Sierra.  Igual habrá que oír e incluir a José Chedraui y al Subsecretario Fernando Aportela.  Para el 2015, todas las fuerzas afines deben tener cabida. Ya para el 2016 veremos qué grupo se queda con la mini candidatura, como antesala pactada para las elecciones federal y local del 2018.  Por mi parte, quedo en espera.