Miscelánea Política

Parados en un ladrillo

El hacer bien a villanos es echar

agua al mar.

Miguel de Cervantes

Hace unos días, en visita realizada al senador Manuel Bartlett Díaz, vi pasar, acompañada de otros senadores prianistas a quien, para desgracia de más de un millón de capitalinos poblanos gobernó esta levítica ciudad de Puebla, me refiero a “Blanca la única”, senadora a las órdenes de su actual amo Gamboa Patrón quien de manera zafia y con un gesto de desdén lanzó una mirada de desprecio a mi persona para seguir su paso en compañía de sus “nuevos amigos”. ¡Antes me saludabas! Diría el dicho popular. El comentario viene a cuento en atención a que, el que esto escribe cometió el error (después me di cuenta) de recomendarla con el entonces Ejecutivo del estado Manuel Bartlett Díaz para ser ella quien ocupara el cargo de Luis Antonio Godina, solicitado por Melquiades Morales a las “bases del partido” para dirigir a este instituto político.

Salvo que Don Manuel me desmienta y la propia senadora de salva, fui yo quien en un trayecto de Casa Puebla a Palacio de gobierno sugerí a don Manuel que habiendo sido la hoy legisladora, la diputada que leyó la Ley para el Federalismo Hacendario, la “inteligencia y lealtad” demostradas podía hacer frente a tan noble tarea. Incursionar en el gabinete del sexenio de don Manuel Bartlett ocupando en ese entonces el cargo de secretario de Gobernación y por ende calificado y con cierta influencia para que don Manuel se decantara por su persona, en lugar de otros tres aspirantes que de cierto hubieran hecho las cosas mucho mejor. Puebla Capital es un ejemplo claro, en cuanto a obras se refiere en su mal logrado trienio en el que la defendí indebidamente a capa y espada de los dardos ponzoñosos del ex gobernador en desgracia (moral –que no económica–) Mario Marín.

Sus actitudes y sus acciones hacia mi persona, una vez ocupado el poder son inenarrables. La presidenta se montó en un ladrillo en el que todavía está parada pensando que la mano poderosa de sus actuales moruecos la habrán de ungir como la sucedánea de Rafael Moreno Valle. En efecto, no todo lo que brilla es oro y el tiempo nos va curtiendo para hacer que nuestra piel no se vea lastimada con cosas menores. Al igual que este personaje hay otros más que hoy despachan en puestos de menor importancia y con un pequeñísimo grado de “poder”, que creen que la fortuna es sempiterna. Se equivocan. Más pronto de lo que se imaginan las hojas del calendario caerán y así como la basura sube con el viento volverán a donde deben estar.

No desconozco la impronta de Dale Carnegie: “Esperar gratitud de la gente es desconocer la naturaleza humana, mucho menos la de Terencio, aquél poeta latino nacido 190 años antes de Cristo: ningún hombre digno pedirá que se le agradezca aquello que nada le cuesta”. No obstante ello todo servidor público o funcionario debe gravar en su corazón que la gratitud es un valor intangible que refresca el alma y que cuando se es ingrato la desazón recaerá sobre su persona, sin que haya nadie para asistirlo, por el contrario, sus otrora benefactores y la vida misma habrán de corresponderle de la misma manera; lo anterior es algo que yo no comparto, empero siempre es bueno recordar a estos zalagardas que la vida cobra factura y que no es mi deseo, de cierto lo digo, cobrárselas algún día, por el contrario, no hay mejor arma para la ingratitud que una cachetada con guante blanco y nunca con la mano de hierro y guante de terciopelo como recomendaba Maquiavelo al “Príncipe”. El tiempo les demostrará a estos personajes, hoy parados en un ladrillo, que espero con ansias pagarles con actitudes afables y todas aquellas que puedan auxiliarlos para que no caigan en desgracia, y como lo que se escribe se lee algún día, vaya esta entrega como prueba de que este su amigo volverá a darles su apoyo incondicional aunque no lo merezcan. Lo digo sin acritud, ¡pero lo digo!

Por cierto festejaron a quien entregó el estado al PAN –Mario Marín– contando con la presencia de sus enemigos Pablo Fernández del Campo, Enrique Doger, Javier López Zavala, quienes se dolían de la ingratitud del personaje (¡con careo!) por su corrupción y por ayudar a capitales poblanos, para beneficio propio. Ojalá estos personajes en uso del derecho de réplica me contradigan de todas las expresiones que en su contra me manifestaron. ¡Cosas veredes, Mío Cid!