Miscelánea Política

¿Reestructuración o gatopardismo?

Este martes, el exgobernador de Guerrero, senador de primera minoría por el mismo estado y flamante delegado regional de la zona sur del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, René Juárez Cisneros, anunció sin empacho que esta semana se iniciará la reestructuración del Comité Directivo Estatal del PRI en Puebla, con el nombramiento de un delegado especial y el posterior relevo de Pablo Fernández del Campo, quien sigue dando trastumbos y regando el tepache, como al haberse prestado para el arribo de Víctor Giorgana a la presidencia de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso Local, para el primer año del ejercicio legal, sin obligarlo previamente a conducirse de manera imparcial desde tan importante posición y desmarcarse en consecuencia de quien lo patrocina y mantiene viva su ambición de gobernar el estado.
Como se acostumbra en el medio, las fuentes confiables revelaron que otro exgobernador, en este caso la yucateca Ivonne Ortega, secretaria general del PRI, concluyó la auscultación y cabildeo entre algunos cuadros distinguidos del PRI local, que le encargó otro exgobernador, César Camacho, en su carácter de presidente del CEN, para poder imponer un candidato de “unidad”, conciliar el respaldo de los liderazgos “visibles” y evitar fracturas.
Lo anterior confirma que finalmente el tema Puebla ya se resolvió y que ahora se buscará legitimar la decisión. Sin embargo, me permito adelantar que la estrategia seguida lanzará al PRI poblano nuevamente hacia el abismo y sólo podrá salvarse si Rafael Moreno Valle se muestra compasivo y evita masacrarlo en la elección de 2015, para no quedar mal con el Presidente de la República y su necesidad de fortalecer la presencia legislativa del tricolor.
Al respecto, estamos hablando de que la supuesta reestructuración del PRI poblano está siendo manejada por un grupo de exgobernadores, todos ellos naturalmente distantes de las bases y sobre todo ajenos a la realidad local, quienes para paliar su desventaja se dedicaron a consultar a... ¡efectivamente, los exgobernadores poblanos que permanecen vivos y afiliados al PRI, así como quienes desde ya aspiran a ser candidatos a gobernador en el 2018!
¿Y la militancia? ¿Y los liderazgos regionales y municipales? ¿Y los cuadros verdaderamente distinguidos, ajenos a las manchas de la traición y la corrupción que dejaron los ex gobernadores consultados, que terminaron por desgastar al PRI hasta entregar el estado a una coalición opositora? Pues lo de siempre: fueron subestimados, menospreciados e ignorados.  Y así es como piensan hacer frente a Moreno Valle y su ejército político-electoral.
El dedazo practicado sin la astucia y habilidad política de antaño. Como un simple ejercicio del poder endosado por un Presidente ausente, para dar cumplimiento a una obligación como si de un simple trámite se tratara, por un grupo de sobrevivientes tan limitados como desarraigados y carentes de una verdadera estrategia partidista, más allá de dejar a la suerte y la misericordia del morenovallismo, el destino del priismo poblano.
En ese tenor, se preparan para tratar de vender a Alberto Jiménez Merino, militante distinguido, honesto y sin ataduras conocidas con Rafael Moreno Valle y su equipo, como el único capaz de emular a José de Arimatea y llevar el Santo Grial a su destino.  Sin embargo, como ya lo he explicado antes, los liderazgos no se construyen desde arriba, sino por el contrario, ameritan cimentarse desde las bases.
La falta de oficio derivada de 12 años de ausencia del poder (18 si incluimos el Zedillato), ha provocado que la jerarquía partidista, dejada en manos de exgobernadores y similares, pierda la brújula y tome decisiones de la misma forma en que las tomaban cuando gobernaban sus feudos, perdón sus estados: mediante una simple consulta con los poderes fácticos y algunos pares.
Ya no hay reuniones con las estructuras ni con las bases.  Al cajón de los recuerdos olvidables las giras y los encuentros con la militancia.  Al diablo las entrevistas con quienes aspiran y quienes no, pero pueden ser. Olvídense de la retórica y los discursos cargados de ideología, mensajes políticos y compromisos. A usar los consejos como simples instrumentos de legitimación que a nadie aconsejan. Si Melquiades y Marín están de acuerdo, que Alberto sea designado, al fin y al cabo nadie puede hacerlo peor que Pablito. Y si los suspirantes coinciden y dan su venia, pues que mejor.
Lo que en el CEN olvidan es que a los exgobernadores les siguen pasando facturas muy altas por sus desaciertos políticos y gubernamentales, y que los suspirantes prefieren los liderazgos tibios y grises, que no les roben cámara o exhiban sus miserias, sin importarles que el PRI siga secuestrado y estancado electoralmente.
Por eso, el PRI debe escuchar y atender a las bases, debe arremangarse la camisa, recorres los seccionales y, por qué no, buscar entre la militancia un liderazgo nuevo y verdadero, que refresque al partido y facilite su reestructuración, en lugar de seguir tomando decisiones improvisadas, que sólo auguran un gatopardismo lamentable y aterrador.