SÓLO PARA ABOGADOS EN CIERNES

Morena, la única opción

Para Juan Carlos Neftalí

Escobedo Pérez.

Con esperanza y hasta siempre.

El artículo 41 de la Cpeum previene en su parte conducente, cito textual: “… Los partidos políticos tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática, contribuir a la integración de los órganos de representación política y como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan y mediante el sufragio universal, libre, secreto y directo, así como las reglas para garantizar la paridad entre los géneros, en candidaturas a legisladores federales y locales. Sólo los ciudadanos podrán formar partidos políticos y afiliarse libre e individualmente a ellos; por tanto, quedan prohibidas la intervención de organizaciones gremiales o con objeto social diferente en la creación de partidos y cualquier forma de afiliación corporativa…”

También la Carta Suprema establece el derecho a votar y ser votado; que el poder dimana del pueblo y que la soberanía radica en el ejercicio democrático y libre del ciudadano elector.

En años idos el PRI gozaba de una plataforma ideológica nacida de la revolución mexicana, en donde el ejercicio del poder se ceñía de manera escrupulosa a sus estatutos y documentos básicos, entonces, la tutela de los intereses populares depauperados, de los indígenas, el campesinado, el sector obrero, la educación laica y gratuita, la salud, se convirtieron en propósitos que dieron sus frutos a través de la creación de instituciones de las que gozamos todos los mexicanos. Por su parte el partido conservador miraba hacia otros horizontes; la privatización de nuestras instituciones, el combate a la educación y a la salud gratuitas, los sindicatos empresariales camuflados en su mayoría, eran arietes que golpeaban en abierta oposición todos los intentos por la consolidación de programas, planes y proyectos tendentes a favorecer al que menos, en una sociedad carente de los mínimos servicios, hoy ambos partidos se han mimetizado dejando al soberano en una Torre de Babel que le impide tomar una decisión acorde con sus ideales y aspiraciones soberanas. La praxis hoy es la constante, las negociaciones cupulares de los representantes populares a escondidas y con toma de decisiones unilaterales que han ido llevando a éste País por un sinuoso camino, en donde el ciudadano es el que resiente las consecuencias de éstos privilegiados.

Con el nacimiento del PRD, se había abierto una nueva ideología de izquierda, para algunos analistas políticos pamplineros eran los “radicales”, los “subversivos”, y si bien el PRD nace con priistas de cepa desalentados por la oscilación del tricolor de manera paulatina hacia la derecha, México ya tenía una nueva opción, hoy, inmerso en un “esplín” el 90 por ciento de los ciudadanos mexicanos vive en constante lucha por cubrir sus precarias necesidades, la otrora izquierda perredista fue desdibujándose para finalmente claudicar frente al poder en turno, los “chuchos” son el ejemplo vivo de éste aserto, con Carlos Navarrete las cosas van de mal en peor; sometimiento, genuflexión, entreguismo, nula oposición. La política es una herramienta indispensable que tiende a generar beneficios colectivos en favor del soberano. En México hoy es una quimera.

Para fortuna de los mexicanos ha nacido una nueva esperanza como partido político nacional encabezado por su líder moral AMLO, partido que se ofrece como una alternativa verdadera de oposición a los atropellos y actitudes de abyección de los tres poderes, quienes en connivencia con los tres partidos mencionados ut supra hacen lo necesario para entregar a éste desguazado y desvencijado País que todavía resiste. Por el bien de México y los mexicanos esperemos que el ciudadano que mandata y ordena, reflexione y entienda que la única opción verdadera dada la claudicación de los ideales de aquella infernal triada de institutos políticos a los que me refiero, emerja como el paladín que a gritos pide el soberano. Y la pregunta surge, ¿vivimos en democracia? ¡Amén! Lo digo sin acritud ¡pero lo digo!

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