Sin pedir audiencia

Las villas de cobre

Ahora que el ayuntamiento de Zapopan y el gobierno estatal no pueden destrabar el tema del futuro de las Villas Panamericanas, se escuchan todo tipo de propuestas.

Plantean emplearlas para un hospital, otros mencionan que podría albergar la “Ciudad de la Tercera Edad” (dedicarlo para la atención de los llamados adultos mayores) y hay quienes, los más radicales, aseguran que debe demolerse.

En esencia, cualquiera de las decisiones que se tomen respecto a las Villas, no podrá ocultar el problema de fondo que significó haber autorizado su edificación con el pretexto de sacar adelante los Juegos Panamericanos a cualquier costo.

Desde el siglo XVIII, el fraile Pedro Buzeta había descubierto las extraordinarias condiciones de permeabilidad de la zona del Bajío y los escurrimientos que permitían la recarga de los mantos freáticos de la ciudad.

Entre 1732 y 1740 el religioso diseñó estos mecanismos concéntricos que recaban aguas de los mantos freáticos y abastecen los pozos de la ciudad y todavía siguen funcionando.

Antes de comenzar la construcción de las Villas, se advertía que la zona no era apta para construcciones de tal magnitud porque el lugar presentaba suelos de alta fragilidad, con riesgo sísmico y existían sobradas razones para suponer que afectaría la recarga.

Desde 1997 este sitio está determinado como de protección de acuíferos y en el 2006, el Plan de Ordenamiento Ecológico Territorial (POET) de Zapopan lo señala como “corredor agrícola incompatible con asentamientos humanos”.

Pese a estos inconvenientes, el Consejo de Administración de Pensiones aprobó destinar los 340 millones para la compra de 200 departamentos en la Villa que posteriormente vendería a razón de 2.5 millones de pesos cada uno con lo que supuestamente obtendría una ganancia de 86 millones de pesos.

La operación fue parte de un paquete de 927 millones que el gobierno estatal armó para terminar la edificación de las villas en El Bajío, 220 millones de la partida 4204 para la promoción de vivienda del Instituto Promotor de la Vivienda; 367 millones del gasto corriente y 340 millones de Pensiones.

No se trata solamente de resolver qué hacer con las Villas, sino llamar a cuentas a los responsables de haber pasado por alto leyes municipales, estatales, federales y un evidente desvío de recursos públicos.

Unas semanas después de los juegos, atletas centroamericanos denunciaron que las medallas de bronce se despintaron. Fue lo mismo que sucedió con los que Emilio González Márquez consideró “los mejores juegos panamericanos de la historia”.

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(Lo invito a que me lea, escuche y vea en www.paraleloveinte.com).

martinezmcarlos@hotmail.com