Sin pedir audiencia

“A salto de mata”

En una declaración escalofriante y absurda, el diputado Martín López Cedillo, presidente de la Comisión de Vialidad y Transporte, señaló a propósito del operativo con alcoholímetros que “si tan sólo se salva una vida ya se justifica violar la Constitución”.

Los diputados, como el Ejecutivo, al rendir protesta prometieron cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanen. Eso no está a discusión ni puede ser moneda de cambio bajo el argumento de que el fin justifica los medios.

El programa puesto en marcha por el gobierno estatal tiene, por supuesto, las mejores intenciones, pero incurre en acciones preocupantes.

Primero, establece volantas con muestreos al azar de los automovilistas. Antes de la reforma que dio paso a la Ley de Movilidad, la Ley de Tránsito definía que un conductor podía ser detenido sólo en caso de que cometiera una infracción.

Una vez que se marcaba el alto al individuo, el agente podía pedir el apoyo de los peritos para aplicarle una prueba y si rebasaba los niveles de alcohol permitidos en sangre procedía su arresto. Ahora no es necesario cometer una infracción.

Segundo, al considerar que un 25 por ciento de los accidentes fatales tuvieron relación con el consumo de alcohol, se aplica una medida que afecta a la mayoría cuando tendría que centrarse en los abusos en el consumo.

Dos cervezas o dos copas de vino son suficientes para rebasar la norma que marca 0.25 miligramos de alcohol por cada cien mililitros de sangre. En el DF y en Monterrey es de 0.40 miligramos. En Estados Unidos hay arresto para quienes conducen en severo grado de embriaguez y se suspende la licencia.

En Puerto Rico acaban de autorizar un dispositivo electrónico a condenados por manejar con altos grados de alcohol. El aparato, una especie de alcoholímetro, impedirá que el vehículo encienda. Es decir, se combate y castiga con severidad el abuso.

Cuando el estado se yergue como el censor de la vida de los ciudadanos, encontramos absurdos como prohibir el consumo de tabaco en bares y restaurantes o pretender regular las frituras porque es comida “chatarra” o establecer un impuesto para los refrescos para combatir la obesidad en el país.

Información, prevención y programas para una cultura de mejores hábitos son los que tendría que impulsar el gobierno. Lo demás queda en el libre albedrío de las personas.

Por lo que toca al programa “salvavidas” recién puesto en marcha, simplemente conducirá a que muchos ciudadanos que beben en forma moderada circulen literalmente “a salto de mata” en su propia ciudad.

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(Lo invito a que me lea, escuche y vea en www.paraleloveinte.com).

martinezmcarlos@hotmail.com