Sin pedir audiencia

Dos programas dos

Dos son los proyectos emprendidos por el gobierno estatal que son extraordinarias ideas pero que habrá que estar pendientes de los respectivos ajustes.

El primero es el de Salvando Vidas, el programa de instalación de puntos de revisión para detectar a personas que conducen con bebidas embriagantes y el segundo es el de Mi Bici, que es una especie de renta de bicicletas públicas.

En el caso de los operativos de alcoholimetría, desde este espacio cuestioné que en aras de castigar los excesos, se medía con la misma vara a todos los ciudadanos. Es decir, si una persona acostumbra beber en una reunión una copa de vino o un par de cervezas, será igualmente multado que quien se bebe una botella de tequila.

Ya sé que me dirán que hay rangos para los castigos, que puede pagar una multa, que depende del nivel de consumo, que serían unas horas detenido, que el vehículo lo puede recuperar al día siguiente, etcétera.

Pero el espíritu de la ley tendría ir contra quienes cometen excesos. A la discrecionalidad con la que los automovilistas son detenidos sin mediar infracción alguna, se suma la “telaraña” que ahora pretende desplegarse en calles aledañas al operativo principal para poder “atrapar” a los ebrios al volante.

El gobernador Aristóteles Sandoval señaló que le parecía bien que los jóvenes que van al “antro” o a una fiesta, puedan buscar rutas alternas y circular por calles para evitar pasar por los filtros si con esto se puede evitar que corran por las avenidas saltándose los semáforos.

Ampliar el cerco con las policías viales y hasta disponer de unidades móviles para salir de “cacería” de conductores con más una copa, no resolverá el problema y sí agudizará esta sensación de tener que andar “a salto de mata” en nuestra ciudad.

La anterior ley establecía que un automovilista que condujera a exceso de velocidad, sin luces o se pasara el alto, podía ser detenido y en su caso revisado hasta con el alcoholímetro para ver si conducía bajo los efectos del alcohol. Sólo si cometía una infracción. Con todo y sus matices, me parecía más sabia esta disposición.

En el caso del programa Mi Bici, sigo pensando que es una excelente iniciativa que ha fallado en su ejecución.

Soy un convencido de las bondades de la bicicleta. La utilicé por muchos años en mi juventud y en algún momento en radio fui promotor del Día sin auto.

Me trasladé a las oficinas de la radio en bici, convencimos hasta un rector de la UdeG (Marco Antonio Cortés Guardado) que dejara el auto y viajara en transporte público, como así lo hizo.

Pablo Lemus, cuando fue dirigente de Coparmex, también se sumó a la invitación, entre otros destacados personajes.

Sin embargo, el programa como fue lanzado careció de una estrategia de sensibilización entre conductores para saber qué hacer con las rayas colocadas en algunas calles, las estaciones, entre otras medidas que hay que adoptar.

Sigo pensando que un simple trazo en las calles o avenidas, no es suficiente para garantizar la seguridad de los ciclistas.

Es necesaria una amplia campaña de difusión para dar a conocer las bondades del programa. No es suficiente un spot de televisión donde aparece un abarrotero explicando que un peso alcanza para el programa o para un chicle y entra las maravillas de Mi Bici ofrece “hacer pierna”.

Se sorprenderían los estrategas del gobierno si supieran cuanta gente estaría dispuesta a subirse a la campaña sin necesidad de gastar un solo peso. También sería útil explicar a los automovilistas el respeto que deben tener a los ciclistas y en su momento hacer más severas las sanciones para quienes no respeten el derecho de las bicicletas. Como pasa por ejemplo en la Calzada Independencia con su “majestad” el Macrobús.

martinezmcarlos@hotmail.com