Sin pedir audiencia

Dos generaciones

Con más de treinta años de servicio en el gobierno municipal, la diligente secretaria expuso a las personas que esperaban una cita con el titular del área que el “licenciado” estaba a punto de llegar. Que ya estaba en el edificio.

Minutos después hizo su arribo. Pelo engomado, piel blanca y hueso de ciruela en la boca, el joven chapeteado de 24 años entró a la oficina al ritmo de “no me pases llamadas” al tiempo que pedía a un joven acompañante que ingresara a su oficina al ritmo de “pásate güey”.

La escena corresponde a una de las Administraciones panistas en la ciudad en los tiempos en que el blanquiazul lo tenía todo. Había ganado la gubernatura y después se acostumbró a ganar alcaldías y más tarde a vivir del erario.

Después de haber sido eterna oposición, en el PAN surgió una clase política que muy pronto repitió los vicios del PRI con la venta de favores, los diezmos y los negocios particulares.

La información privilegiada para ser intermediario en las grandes inversiones por tierras o proyectos, fue una constante en las Administraciones.

Muy jóvenes, sin méritos conocidos salvo ser amigo del alcalde en turno o de los dirigentes del partido, hay una generación de panistas que en 18 años no desarrollaron actividad profesional alguna sino pasar de un puesto a otro. Ahora desde la banca padecen las consecuencias.

En el PRI sucede también una confrontación generacional en el gobierno de Aristóteles Sandoval.

Veteranos priistas que estuvieron a la sombra muchos años, regresan en la parte final de su vida productiva. Arriba de los 50, algunos; secretarios o asesores de más de 60 y hasta 70 años, padecen ya los estragos de comunicación con otros políticos de una generación que ronda los 30 y 40 años.

La brecha abierta por el tiempo en que fueron oposición y por la incapacidad del priismo de renovar sus cuadros, mantiene a dos generaciones enfrascadas en la disputa del poder.

Formado en las entrañas de la política al más puro estilo del PRI, Aristóteles Sandoval tiene un gran reto en su equipo. Por un lado escuchar los consejos de quienes ya pasaron por ser gobierno y por otro aprovechar el empuje de los nuevos talentos que reclaman el derecho generacional de ser ellos quienes dicten la política y el rumbo de su Administración.

En ambos casos, el problema será cómo poner freno a apetitos por el gigantesco pastel de negocios en que sin proponérselo se convierte el gobierno estatal. Tanto para los que llegaron demasiado tarde, como para los recién llegados y que traen prisa de que la revolución les haga justicia.

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(Lo invito a que me lea, escuche y vea en www.paraleloveinte.com).

martinezmcarlos@hotmail.com