Sin pedir audiencia

Para entender a Aristóteles

En vísperas de cumplir un año en el cargo, ¿es posible medir ya la personalidad del gobernador Aristóteles Sandoval y entender el rumbo de su Administración? ¿Son necesarias otras señales para conocer el camino y saber si estamos ante un mandatario que aprendió pronto o sigue en el proceso?

Jorge Aristóteles Sandoval Díaz consiguió en unos cuantos años lo que muchos veteranos priístas no lograron en toda una vida: ser alcalde de Guadalajara y después mandatario estatal antes de cumplir los 40 años de edad.

La meteórica carrera del joven abogado puede entenderse por dos factores. El primero, por haber sido cobijado por grupos al interior del PRI que lo protegieron e impulsaron hasta convertirlo en un proyecto político viable.

El respaldo incluyó acercamientos con el gobernador de Coahuila y más tarde dirigente nacional del tricolor, Humberto Moreira; así como allanarle el camino hacia el mexiquense y seguro candidato a la presidencia Enrique Peña Nieto.

El segundo factor es circunstancial. Hasta antes de convertirse en candidato del PRI a la presidencia de Guadalajara, Aristóteles tenía una trayectoria más bien modesta. Regidor tapatío, diputado local y luego encargado de bufetes jurídicos de servicio social de la UdeG, no constituían blasones que encandilaran.

Pero los tiempos habían cambiado y un gobernador casi de telenovela irrumpiría para marcar un estilo. La combinación de galán de televisión con un equipo sólido y compacto en el Estado de México (Grupo Atlacomulco), hicieron de Enrique Peña Nieto un modelo de exportación.

En ese contexto aparece Aristóteles. Joven, bien parecido, con carisma y una militancia priista limitada –-que para ese tiempo era benéfica, antes que perjudicial-, lo catapultaron como una especie de réplica de Peña en Jalisco.

Desde la campaña, como gobernador electo y en el arranque de su Administración, nunca ha estado solo. Veteranos políticos, jóvenes talentos y empresarios, han estado cerca de Sandoval Díaz orientando y en algunos casos exigiendo posiciones.

Las dudas despertadas sobre sus capacidades por conocer lo llevaron a tener que aceptar presiones desde el centro para conformar su gabinete.

Casi un año después, está claro que Aristóteles es el primero en querer demostrar dos cosas: que no fue un proyecto político equivocado y que como la historia lo juzgará a él, pronto tendrá que sacudir el árbol, tomar decisiones y eliminar lastres para hacer realidad el eslogan que inunda su gobierno: “Mereces estar bien”.

La próxima semana: Aristóteles, aciertos en el primer año.

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martinezmcarlos@hotmail.com