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¿Un cártel de nueva generación?

En una operación fríamente calculada y ejecutada, un convoy de elementos policiacos es atacado en la carretera Puerto Vallarta a Guadalajara el lunes seis de marzo de 2015. La maniobra es certera y fulminante al emplear explosivos, armas de grueso calibre y tácticas militares para perpetrar la emboscada. Los agentes no pudieron siquiera repeler la agresión que dejó como saldo 15 muertos.

Una ataque más en el municipio de Casimiro Castillo en Jalisco esta vez contra efectivos militares, causa la muerte de seis y una decena de heridos. En la maniobra es empleado un lanzacohetes antitanque RPG-7 de fabricación rusa que en el mercado de las armas de Estados Unidos tiene un costo de tres mil dólares.

Se trata de un arma empleada en casi todos los conflictos bélicos a partir de la guerra del golfo y fue usada el primero de mayo contra el helicóptero Cougar del Ejército Mexicano, un Eurocópter EC 725 veloz y con capacidad para 29 personas.

El 30 de marzo pasado, un comando intentó asesinar al comisionado de la policía, Alejandro Solorio en Río Blanco en Zapopan donde utilizaron armas de grueso calibre, unidades blindadas y un lanzacohetes.

Este cártel se convirtió prácticamente en el “dueño” de la plaza tras la muerte de Ignacio Nacho Coronel en julio de 2010 y luego de una serie de reyertas internas salió victoriosa la agrupación de Nemesio Oseguera El Mencho.

A esta organización se le adjudican las narcofosas en La Barca, el asesinato del secretario de turismo en Jalisco Jesús Gallegos Álvarez y del ex gobernador de Colima, Silverio Cavazos en 2010.

Independientemente del evidente arsenal que posee, estrategas militares y los cuantiosos recursos derivados del tráfico de metanfetaminas y cocaína a Estados Unidos, Asia y Europa, el cártel ha marcado un estilo de violencia y terror que motivan la pregunta: ¿son realmente de nueva generación?

A fines de los setenta, cuando el ejército desplegó la Operación Cóndor en Sinaloa, decenas de capos decidieron avecindarse en Guadalajara.

Trajeron a sus familias y, por supuesto, su dinero para fundar el Cártel de Guadalajara que en su momento encabezó Miguel Ángel Félix Gallardo. De esa dinastía operaron aquí Ernesto Fonseca Carrillo, Don Neto y también Rafael Caro Quintero.

Otros sinaloenses decidieron continuar en su tierra o de plano buscar otras plazas en medio de las eternas divisiones que caracterizan a los cárteles de la droga. De esta manera Amado Carrillo Fuentes marchó a la frontera, pero mantuvo negocios en la plaza a través de Eduardo González Quirarte.

Los hermanos Arellano Félix, también abrieron su ruta en Tijuana y Joaquín el Chapo Guzmán crecía su imperio en Sinaloa, Durango y hasta Centroamérica.

De aquellos aciagos años de los ochentas y parte de los noventa, una constante para todos ellos fue considerar a Guadalajara como la casa y el sitio de los negocios.

Aquí estudió el hijo del Chapo, varios hijos de los hermanos Arellano Félix y hasta el mismo Eduardo Arellano Félix estudió medicina en una universidad privada.

Paralelamente, invirtieron en bienes raíces, agencias de autos, restaurantes, talleres de auto lavado, fraccionamientos entre otro tipo de inversiones.

Con sus excepciones –-como un bombazo en el hotel Camino Real--, los ajustes de cuentas entre los grupos que disputaban el paso estratégico de Guadalajara rumbo al norte, nunca registraron los niveles de horror y violencia que se viven ahora.

Tampoco se recuerdan acciones como bloquear carreteras, calles, incendiar camiones y atacar instalaciones como gasolineras y bancos, que siembran el terror entre la población.

Por eso la pregunta: ¿un cártel de nueva generación?

(Lo invito a que me lea, escuche y vea en www.paraleloveinte.com).

martinezmcarlos@hotmail.com