Sin pedir audiencia

Alcalde de seis años

El excelente periodista y después accidental funcionario público, Armando Morquecho Preciado, me contó un día que el gobernador Enrique Álvarez del Castillo le preguntó cuáles eran sus aspiraciones políticas.

Don Armando, con su singular habilidad verbal, le respondió que simplemente añoraba ser alcalde de su pueblo.

-- Y¿ de dónde es usted Armando?, le consultó el mandatario.

-- De Guadalajara, señor, respondió el veterano comunicador venido a político.

Considerada la segunda ciudad más importante de México, la Perla Tapatía concentra hoy todas las aspiraciones y sueños de un buen número de personajes por dos circunstancias:

Primero, porque significa gobernar un municipio con un presupuesto que representa el 50 por ciento de los recursos que manejan estados como Tlaxcala o Colima.

Segundo, porque políticamente es el presidente municipal de Guadalajara en la segunda mitad del sexenio el hombre que automáticamente se perfila como el más importante candidato a la gubernatura.

Sucedió con Francisco Ramírez Acuña, Emilio González Márquez y Aristóteles Sandoval, sólo por mencionar los más recientes.

Amén de la tradición e imagen de una ciudad reconocida a nivel mundial, la capital de Jalisco concentra también el mayor número de electores de la entidad.

Hasta ahora, quienes han manifestado abiertamente o en corto sus aspiraciones de contender por Guadalajara, son Enrique Aubry del Partido Verde Ecologista; Enrique Alfaro, de Movimiento Ciudadano; Alfonso Petersen, por el PAN y por el PRI una lista que se acumula con el paso de los días: los diputados locales José Trinidad Padilla López y Miguel Castro Reynoso; los diputados federales, Claudia Delgadillo y Leobardo Alcalá; el secretario del trabajo, Eduardo Almaguer y el secretario de Planeación, Administración y Finanzas, Ricardo Villanueva.

Aunque algunos no han dicho públicamente que efectivamente buscarán postularse, en los círculos políticos trasciende su intención con dos motivaciones: apuntarse efectivamente para competir una vez que el PRI abra el proceso interno o de plano ejercer presión para buscar alguna otra posición.

De los que han manifestado su deseo de buscar la candidatura, hay dos expresiones que coinciden en el planteamiento aunque con distintas formas. Se trata de Leobardo Alcalá y de Miguel Castro Reynoso.

Ambos han mencionado que buscarían la oportunidad de gobernar Guadalajara por seis años, una vez que con las reformas políticas se permite la reelección. Y en el caso de Leobardo Alcalá, ha señalado directamente que no debe usarse la capital jalisciense como un “trampolín” para buscar luego la gubernatura.

El paso siguiente y no dude que así suceda, será cuando alguien proponga que quienes aspiren a gobernar la ciudad firmen el compromiso de quedarse para una reelección y no busquen la gubernatura.

Es evidente que al menos dos de todos los aspirantes enlistados no firmarían el reto de no utilizar Guadalajara como camino al palacio estatal. Me refiero al propio Enrique Alfaro y a Ricardo Villanueva.

Sin embargo, al margen de las cavilaciones políticas, presentar un proyecto a seis años para la capital de Jalisco que ha sufrido un severo deterioro en sus servicios y en su equipamiento urbano, no resulta descabellado.

No hace mucho, alcaldes en funciones reclamaban el hecho de que tres años son insuficientes para cumplir con la transformación del municipio.

La principal duda ahora que se abrió la puerta para reelegirse, es si efectivamente nuestros políticos hablaban en serio o se referían a cualquier otro municipio que no fuera Guadalajara y a cualquier otra elección que no fuera la intermedia que se convierte en la antesala de la candidatura al gobierno del estado.

martinezmcarlos@hotmail.com