El asalto a la razón

Lo único seguro es que no se sabe

La propensión al ridículo en ciertos políticos y partidos delata su estulticia con cuanta pendejada comen de los medios.

Afectados de declaratitis (diarrea verbal), dan por infalible lo que sea que propalen prensa, radio, televisión y redes sociales, exhibiendo su ignorancia de lo relativo que es la verdad (siempre sospechosa) y de que lo difundido por periodistas, en el mejor de los casos, es nada más una verdad periodística.

El comentario viene a cuento por las tonterías que una sedicente hija de El Chapo Guzmán dijo a The Guardian: increíbles viajes del capo a Estados Unidos y verosímiles sobornos para campañas electorales.

PAN y PRD se apresuraron a “exigir” que el gobierno “aclare” los dichos de la señora, y López Obrador (detrás pero con ellos) sueña que “se abra una investigación y se conozcan los pormenores de este asunto…”.

¡Y chíngale!: la esposa del capo, a su vez, sale con otra súbita y gélida verdad: ninguna certeza de la chapanesca paternidad ni, consecuentemente, de lo dicho (puras vaguedades) por la hija desconocida.


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