El asalto a la razón

¿Para quién la recompensa por “El Chapo”?

El 1 de mayo de 2011, en cuanto se supo que el más despiadado terrorista internacional había sido muerto, el sitio como el criminal más buscado en el mundo que tenía Osama bin Laden pasó a ocuparlo Joaquín El Chapo Guzmán.

Su fuga del penal de Puente Grande, hace poco más de 13 años, fue el bochornoso bautizo del foxiato en seguridad penitenciaria, y su recaptura el sábado, con todo y la participación de agencias estadunidenses, constituye un estruendoso éxito del gobierno peñanietista.

Los panistas han insistido en que fue la corrupción heredada de las administraciones del PRI lo que facilitó el escape, y los priistas revirado el sofisma de que fueron ellos quienes lo capturaron, pero el PAN quien lo dejó ir.

Para efectos políticos, la recaptura de El Chapo deja pequeños los triunfos panianos en el combate a bandas de capos tan relevantes como los hermanos Beltrán Leyva o Édgar La Barbie Valdez Villarreal.

El operativo de antier a cargo de la Marina Armada fue delineado por el procurador general, Jesús Murillo Karam, en el anuncio oficial.

Los detalles, el modo y circunstancias fueron reporteados y publicados aquí ayer por Juan Pablo Becerra-Acosta.

A principios de los años 90, la guerra de las narcobandas de Tijuana y Sinaloa saltó a los altares y a Los Pinos por la muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo durante el enfrentamiento (24 de mayo de 1993) en el aeropuerto de Guadalajara, cuando sicarios de los hermanos Arellano Félix pretendieron asesinar a El Chapo Guzmán.

Del fatal incidente sacó raja el viperino sucesor del difunto, Juan Sandoval Íñiguez, con el cuento baboso de que el gobierno salinista “organizó” la balacera para facilitar que un tercer comando (hay que imaginarlo en medio del fuego cruzado) cometiera un “crimen de Estado” contra el purpurado.

Lo que consta en las actuaciones ministeriales y judiciales de los pistoleros, incluido el que descargó 14 tiros contra el cardenal, es que Posadas llegó en un Marquis y fue confundido con El Chapo porque sus cazadores sabían que el narcotraficante viajaba en otro similar.

Guzmán y los Arellano quedaron bajo los reflectores, El Chapo buscó refugio en Chiapas, cruzó la frontera y fue capturado y entregado a México por el ejército de Guatemala.

De aquella primera captura dio cuenta el entonces procurador general, Jorge Carpizo (que mantendría con el mentiroso Sandoval una larga y entretenida guerra en la que el arzobispo calumniador fue derrotado por las evidencias), y en su libro México en riesgo, el primer director del Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional, Jorge Carrillo Olea, escribió su versión:

Me tocó la tarea de concebir, planear y dirigir el operativo para recibir a Guzmán Loera de manos de un joven capitán guatemalteco, el hoy general de división Ricardo Bustamante (…). El procurador había hecho pública la recompensa por un millón de dólares (…). Salinas ordenó que se entregaran 300 mil dólares a los presidentes de El Salvador y Guatemala para que los hicieran llegar a quienes a su juicio los merecieran...

¿Quién merece ahora la recompensa por la recaptura?

cmarin@milenio.com