El asalto a la razón

Con la matanza murió el México aquel

La matanza que hoy se recuerda fue resultado de la cerrazón de un gobierno incapaz de reconocer la legitimidad del movimiento estudiantil, surgido a consecuencia de la brutal represión, y sin la menor voluntad para satisfacer siquiera una de seis peticiones lógicas: libertad a los presos políticos, destitución de un par de jefes policiacos y uno de sus lugartenientes, extinción del cuerpo de granaderos (hasta en salones de clases correteaban, madreaban y detenían a maestros, alumnos y a quien se les cruzara), derogación del criminal delito de “disolución social”, indemnizaciones por los muertos y heridos que resultaron a partir del 26 de julio, y el deslindamiento de responsabilidades por los actos de represión y vandalismo a manos de policías y militares.

En el México de entonces, literalmente, se jugaba la vida quien se atreviera a pintar una consigna en la calle.

Gracias al movimiento del 68, el México de ahora es tan distinto que hasta los partidos de oposición celebran el diálogo público de antier entre Osorio Chong y el estudiantado politécnico.

cmarin@milenio.com