El asalto a la razón

En gustos se rompen… huesos

De José Manuel Sierra:

No sé si Carlos Marín busque promover a los fabricantes de pretiles para confinar a los ciclistas, pero me parece que esta lógica es la que ha hecho de México un país lleno de topes y barreras para tratar de obligar a cumplir la ley o, por lo menos, bajar la velocidad, cuando en las urbes del planeta bastan simples líneas y letreros para que los conductores respeten los límites.

Concuerdo con Carlos Puig en que el transporte público concesionado y también miles de automovilistas particulares continúan sin entender que una bicicleta es tan vehículo como una moto, un auto o un autobús (o carretas como las de menonitas amish, yeguas, caballos y burros, cabría añadir según entiende este sorprendido “promotor” de muretes), y que todos deben guardar distancia prudente entre sí, sobre todo en vías en donde el tráfico hace que una bici pueda ir igual o más rápido que el resto de los vehículos.

Como dicen ustedes: “No, mis queridos Carlos”, ni el transporte público ni la ausencia de carriles confinados producen muertes, pero sí la impunidad y la incapacidad de hacer cumplir la ley...

 

cmarin@milenio.com