El asalto a la razón

Fuerte abrazo a la viuda de hija

Conocí a Mónica Arriola en el velorio (junio de 2009) de su abuela Estela Morales Ochoa, madre de la entonces dirigente del SNTE, Elba Esther Gordillo.

Deshecha que estaba, la maestra me la presentó, explicándome que la mascada blanca que le cubría la cabeza era porque atravesaba por uno de sus tratamientos contra el cáncer (los médicos le habían autorizado asistir al funeral) y había perdido todo el cabello.

Antier por la noche, con la edición de MILENIO prácticamente cerrada, alcanzamos a dar en interiores del impreso la noticia del triste suceso, y me fui a la cama contrariado por no haber decidido retrasar la edición y quitar de la portada cualquier otra nota para resaltar el fallecimiento.

Por eso ayer me dio enorme gusto saber que el sistema penitenciario del Gobierno de la Ciudad de México acatara lo previsto en leyes y reglamentos para que la profesora bajo proceso asistiera a las exequias de su hija, así como el homenaje que le rindió el Senado.

Solo me queda expresar mi sincero y estremecido pésame a la sañosamente cautiva.