El asalto a la razón

El exorcismo de Peña

“Todos tenemos que ser autocríticos, tenemos que vernos en el espejo”, dijo ayer Enrique Peña Nieto al promulgar las leyes anticorrupción, “… empezando por el propio Presidente de la República. En noviembre de 2014 la información relacionada con la llamada casa blanca causó gran indignación. Este asunto me reafirmó que debemos actuar conforme a derecho. Somos responsables de la percepción que generamos por lo que hacemos. En esto reconozco que cometí un error que afectó a mi familia, lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza en el gobierno. Les pido perdón, les reitero mi sincera y profunda disculpa por el agravio e indignación que les causé…”.

Y es que, en castellano simple, por legal que haya sido la operación de compra (que se dice no se consumó), fue a todas luces una acción impropia, generadora de fundadas sospechas.

Con las nuevas leyes, sin embargo, la moral dejará de ser el árbol de moras que los usos y costumbres han hecho de México un santuario de la dupla más nociva de la sociedad: corrupción e impunidad.

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