El asalto a la razón

Cuatro apenas, van por más

Uriel Chávez Mendoza, el presidente municipal de Apatzingán que ayer fue echado a la calle por autodefensas que lo acusan de templario, se burlaba de su correligionario con el mismo cargo de elección en Tepalcatepec, Guillermo Valencia, porque en esta demarcación (como también en La Ruana) brotaron (febrero del año pasado) los primeros grupos de civiles armados que han hecho de Michoacán, virtualmente, un estado de excepción.

Sin antecedentes partidistas ni experiencia política meritoria, el alcalde ahora proscrito (suele andar con cuatro guardaespaldas armados con fusiles R-15, de uso exclusivo de las fuerzas armadas) consiguió la candidatura gracias no tanto al PRI como al poder de persuasión de su familia, una de las más representativas de los cacicazgos locales.

Haiga sido como haiga sido, sin embargo, es el cuarto alcalde (los anteriores fueron los de Buenavista Tomatlán, Aguililla y Tepalcatepec), jurídicamente constitucional, desterrado por las autodefensas que, según advierten los líderes, van por la capital Morelia para expulsar a otros templarios

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