El asalto a la razón

¿Sin procesarlo por sus delitos acá?

Sobran razones para que Peña Nieto reconsidere la extradición de Joaquín Guzmán Loera.

La entrega de El Chapo a tribunales estadunidenses constituye una virtual descalificación de la capacidad de procuración de justicia federal (consignaciones vulnerables) y de la totalidad de jueces, magistrados y ministros del Poder Judicial del Estado mexicano.

Al acierto de la primera recaptura siguió la vergüenza del gran escape, pero la segunda reaprehensión significó una sana bocanada de confianza que se fortaleció con la devolución del delincuente al mismo penal del que se fugó, como atinado fue moverlo al de Ciudad Juárez (ningún otro reo se ha evadido nunca de una cárcel federal) para sofocar nuevas tentaciones para escabullirse.

Pero, aun si Peña desconfía de la PGR, del Poder Judicial y de la eficacia carcelaria bajo su presidencial responsabilidad, bastaría la amenaza Trump para que recapacite, ya que el imbécil (que parece imparable candidato) pudiera alzarse con la Presidencia de EU capitalizando la entrega (con los atentos saludos de un gobierno medroso), fomentando mucho más el sentimiento antimexicano.

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