El asalto a la razón

Pinche rancho bicicletero

La muerte por atropellamiento de una joven ciclista en Paseo de la Reforma es una merecida bofetada a la política de aliento al uso de la bicicleta, no solo en el DF sino en cualquier ciudad cuyas autoridades no garanticen la seguridad, pero sobre todo la vida de quienes optan por ese medio de transporte.

Sin guarniciones (pretiles de casi medio metro) de concreto, los carriles confinados no sirven de nada, y menos en las principales avenidas.

Imaginar que una triste línea pintada en el pavimento es suficiente para que los conductores de vehículos automotores no arrollen a ciclistas es tan absurdo que cabría preguntar: ¿y por qué no destinar carriles en el Circuito Interior o el Periférico a los usuarios de bicicletas?

Por saludable que sin duda es el fomento del ejercicio físico, el libre tránsito que garantiza la Constitución se refiere a personas, no a vehículos.

Miguel Ángel Mancera y su secretario de Movilidad, Héctor Serrano, están obligados a replantearse ¡pero ya! la bicicletización a como dé lugar de la Ciudad de México.


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