El asalto a la razón

Mario Aburto Martínez en Huimanguillo

Del asesino de Luis Donaldo Colosio muchos quieren saber más de lo que anoche, en el especial de El asalto…, compartí con la audiencia de MILENIO Tv.

Se sabe entre gitanos: lo que un reportero averigua rebasa lo que compacta para informar lo esencial.

En la prisión federal de mediana seguridad en Huimanguillo, Tabasco, Aburto se negó a platicar conmigo pero, de haber consentido una entrevista, supongo que me habría dado una más de las distintas versiones (publiqué 18 en Nexos de marzo) que fue modificando en 1994.

Habría sido, eso sí, muy interesante, pero el reglamento del Cefereso 6 es mucho más riguroso de lo que hace 20 años era, por ejemplo, el del penal de máxima seguridad de Almoloya (donde pude entrevistar a Rafael Caro Quintero en marzo de 1993, y lo propio hizo Jesús Blancornelas en abril de 1994, precisamente con Aburto).

Del homicida, sin embargo, pude recabar tanta información que me faltaba solo constatar si Aburto sigue vivo y se encuentra de verdad en esa cárcel, cumpliendo su condena inconmutable de 45 años.

De ahí que, además de información medular de sus usos y costumbres, me importara tener su fresco pase de lista matutino (por las tardes hay otro), donde se aprecia a un patético sujeto de 42 años que hace 20 dio un balazo letal en la cabeza de Colosio (y otro superficial en el torso).

Aburto se ve más avejentado de lo que yo imaginaba y pesa 82 kilos y medio.

Con cierta recurrencia padece tiña pedís y otitis externa; sarna o escabiasis, onicomicosis (hongos en las uñas), gastritis, faringitis y lumbagia (dolor de espalda), pero es clínicamente “estable”.

Participa en programas de habilidades sociales y relaciones interpersonales, pero el pronóstico médico es reservado, porque fue diagnosticado “con rasgos de trastorno antisocial de la personalidad”.

Otros reos lo describen como “prudente, reservado, serio, diplomático y sencillo”, pero nadie acude a verlo: ni su madre María Luisa ni su padre Rubén, ni su hermana Karina ni su cuñada Alma Elizabeth ni su prima Xóchitl, autorizados todos por él como “visitas”.

Aunque tiene derecho a una llamada cada 15 días, en casi dos años lo ha ejercido únicamente ocho veces para hablar con su mamá y dos con su papá, y en 15 ocasiones (siete meses y medio) no ha querido comunicarse con nadie.

Domiciliado en el módulo B, primer piso de la sección B, Aburto purga su castigo en la estancia 72 y duerme en la cama D. Las A, B y C son de compañeros de encierro procesados por delincuencia organizada (secuestro y portación de armas prohibidas, ninguno por drogas).

Según los especialistas que le dan seguimiento, el autor material e intelectual de la muerte de Colosio (asesino reiteradamente confeso) tiene ahora estos indicadores: capacidad criminal, media; adaptabilidad social, media; estado de peligrosidad, medio; riesgo “intrainstitucional”, alto.

Y aunque ahora se antoja menos ensimismado que en La Palma o Puente Grande, el 718 del penal de Huimanguillo parece seguir estando, además de encarcelado, encerrado claro, pero sobre todo en sí mismo...

cmarin@milenio.com