El asalto a la razón

Justicia obligada

Todos los juzgadores, pero de manera especial quienes deciden asuntos penales, resuelven situaciones de conflicto y, con frecuencia, de gran trascendencia para la vida, la libertad, el patrimonio y los demás bienes y derechos de imputados y víctimas.

Las sentencias difícilmente satisfacen las pretensiones de unos y otros, por lo que no pocas veces quedan inconformes: se duelen de la “injusta resolución” y atribuyen “corrupción” al impartidor de justicia.

Cuando los enjuiciados son criminales peligrosos el juez, en cada sentencia, se juega la vida (sea por aplicar la ley o por negarse a torcerla), y Vicente Antonio Bermúdez Zacarías la perdió mientras hacía ejercicio a las afueras de su casa. 

La cobardía, en su más degradada expresión, asesinó a ese hombre y debe recaer la más grave condena social y judicial para los responsables.

Es tiempo de exigir que a quienes procuran e imparten justicia se les pague bien, se les proteja de verdad y se les reconozca el servicio superior que prestan a México.

No es el primer crimen contra el Poder Judicial, pero debe ser el último.

cmarin@milenio.com