El asalto a la razón

Golpe de suerte: no respirar caca

El esfuerzo, no tanto de las autoridades (que sin duda sí) como de los necesitados y aficionados a la bicicleta por hacer del DF un espacio saludable para quienes viven o se mueven en ella, propiciar una mejor vialidad vehicular y disminuir los humos y polvos que envenenan el aire con los gases de los motores del transporte público y privado, motiva el serial que iniciamos hoy sobre la basura y los problemas que genera su recolección, transporte y destino, contrarios a esos propósitos, a partir de un dato preocupante: lo que desperdician los habitantes del DF más otro tanto, se calcula, de muy relativos “fuereños”, es llevado de un lugar a otro en dos mil 300 camiones en virtual estado de chatarra, casi todos con más de cuatro décadas de uso y los menos vetustos con 14 años de antigüedad.

Ninguno de esos vehículos opera con el hermetismo para el que fueron diseñados y abundan los que, en colchonetas, lonas y alfombras, arrastran verdaderos muladares a cielo abierto.

¿Cuánta mierda volátil se respira en la Ciudad con ángel?

 

cmarin@milenio.com