El asalto a la razón

Fiesta y tragedia del 68

“Nos hemos quedado con lo que pasó en Tlatelolco, como si eso definiera el movimiento del 68 pero, antes que eso, el 68 fue una fiesta…”.

Eso pensaba Luis González de Alba (con Abida Ventura en El Universal del 27 de diciembre de 2013), uno de los líderes emblemáticos del movimiento estudiantil y popular de mayor incidencia en los recientes casi 50 años de vida pública en México.   

Se disparó al corazón entre las siete y las diez de la mañana del inolvidable 2 de octubre (ahora mucho más), 48 años después de haber sido aprehendido en el edificio Chihuahua de Tlatelolco, frente a una Plaza de las Tres Culturas que terminó teñida de sangre y tapizada de chamarras, bolsos, libros, dulces, zapatos, libretas y suéteres después de la estampida de manifestantes pacíficos pero exigentes de libertades democráticas frente a un sistema caduco, monolítico y represor.

La bala que se sorrajó antier Luis impactó también al encéfalo de sus detractores porque, como escribió en su última columna, “no saben lo que no se olvida porque ya lo olvidaron o nunca lo han sabido…”.

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