El asalto a la razón

Chats que tampoco fueron para tanto

Para los servicios de inteligencia del gabinete de seguridad que jefatura la Secretaría de Gobernación, la intercepción de los mensajes que cruzaron Kate del Castillo y Joaquín Guzmán Loera, de finales de septiembre a principios de noviembre, tuvieron la utilidad de confirmar investigaciones que venían haciéndose desde julio, cuando se dio la inaudita fuga.

La certeza de atraparlo se apuntaló a mediados de septiembre (las primeras conversaciones entre la actriz y el capo son del 25 de ese mes), con el descubrimiento y la vigilancia de la casa de Los Mochis donde Guzmán Loera durmió el 7 de enero su última noche como prófugo de la justicia.

Es ingenuo, por lo mismo, suponer que los diálogos dados a conocer ayer por MILENIO fueron suficientes para llegar al objetivo.

Su utilidad fue complementar el titipuchal de datos que Ejército, Marina Armada, Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional y Policía Federal estuvieron recopilando y que apuntaban sólidamente hacia las montañas del Triángulo Dorado y no a cualquier otro lugar del mundo.


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