El asalto a la razón

AMLO, émulo de… ¡Heladio Ramírez!

Lo de que se puede ceder en todo menos en los principios es útil para medir la catadura ética de personajes que inciden en el comportamiento y el destino colectivos.

Si oponerse a las fuerzas conservadoras es ingrediente clave de la izquierda, el populismo echeverrista y el estatismo crónico de Andrés Manuel López Obrador lo define ajeno al pensamiento progresista, pero esta inconsistencia ideológica les pasa inadvertida a sus devotos.

Obsesionado por vivir en un museo (Palacio Nacional), solía decir que lo peor que podía sucederle a un político era hacer el ridículo.

Su apoyo de ayer a la sección 22, con propuesta de alianza electoral y promesa de restituirle el control de la enseñanza y el uso de niños como rehenes, sin embargo, no es un ejemplo más de que el pez por la boca muere, sino su incongruente y deplorable adiós al principio de la rectoría del Estado.

Asombra y escuece que López Obrador, entusiasta, se muestre dispuesto a sobornar a esa facción magisterial igualito que hace 25 años lo hizo el priista Heladio Ramírez.

cmarin@milenio.com