Red Social

El servicio público como vocación

Siempre me ha generado interés la relación entre política y servicio público; en esta ocasión, mi propósito, más que desarrollar la asociación entre ambos conceptos, es profundizar sobre el segundo.

La política, en su definición más básica, vincula la actividad de un grupo de personas con la autoridad pública; lo cual se refiere a la interacción, planeada y estratégica, que desarrollan mujeres y hombres en la esfera pública. Un siguiente nivel de debate versa sobre lo que la política debe ser, y es aquí donde aparece la noción de servicio público.

Desde los griegos, se ha postulado que el objetivo de la asociación pública entre los individuos es lo que Aristóteles denominó "bien común", esto es, que la política debe atender el bienestar (y felicidad) de las personas, pero en términos de un beneficio superior: el interés de la comunidad, mismo que sobrepasa las ganancias individuales.

A mi juicio, sin embargo, la política no desarrolla por sí misma el valor del servicio público. Estoy convencido de que este último es el que le da a la política su congruencia y contenido, particularmente cuando sea entendido como la actividad noble y social que he comentado en otra columna. El servicio público es el que estimula y empuja a la acción política, porque es ahí donde se localiza su fuerza y potencial. ¿Qué significa esto? Que la labor pública debe ser una vocación y, al ser así, encuentra su fuerza en la pasión y convicción.

La vocación de servicio es un valor de las personas que se dedican a lo público. Los funcionarios con esta vocación realizan un trabajo para la sociedad, cuyo beneficio es la satisfacción de ver resueltas las necesidades individuales y comunitarias. El servidor público, al ser el representante del gobierno, puede fortalecer la confianza de los ciudadanos en las instituciones; y eso lo debe alentar a una preparación constante y actualización permanente, herramientas para su desempeño que en principio las proveen las propias instituciones. También cabe reconocer el alto nivel de responsabilidad que éste tiene, pues sus acciones repercuten a un amplio número de personas.

Entendemos al gobierno como una extensión de la ciudadanía, por eso, el trabajo del servidor público se traduce en ciudadanos sirviendo a otros ciudadanos. En mi experiencia, he podido constatar que todas las responsabilidades son importantes: una respuesta efectiva por parte de un servidor público puede hacer la diferencia en la vida de las personas.