Red Social

Proyecto y liderazgo

El reto más importante que tenemos hoy es darle contenido al lenguaje político. Todas las acciones en materia pública se han originado sobre la base de ideas y principios, lo que a su vez ha dado lugar a proyectos y programas. Por medio de ellos identificamos los desafíos, visualizamos áreas de oportunidad, clasificamos las prioridades y establecemos cómo proceder y hacia dónde queremos y debemos ir. Cuando estas plataformas se aplican, logran generar resultados, adquirir credibilidad y consolidarse; entonces podemos decir que se institucionalizaron.

La lógica anterior puede ser trasladada a la política, concebida como la actividad pública para la distribución de beneficios a la sociedad desde posiciones dirigentes. Conviene preguntarse si se puede hacer política sin proyecto, sin principios o sin ideas. La respuesta es definitivamente no. Éstos dan fundamento y dirección al actuar público; le brindan forma, sentido, misión y visión. De lo contrario, la política sería totalmente una tarea coyuntural y de improvisación.

Las instituciones constituidas a partir de proyectos y objetivos específicos son capaces de trascender a las personas que las dirigen. Un ejemplo es la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que nace en 1945 y que, aún después de 71 presidentes electos para su Asamblea General, ha sostenido firmemente el objetivo de mantener la paz y la seguridad internacional mediante una reafirmación de los derechos fundamentales del hombre.

Un segundo caso es el modelo de nación adoptado por Japón a partir de la denominada Restauración de Meiji de 1868, la cual, con la intención de convertirlo en una potencia mundial, decide abolir el sistema feudal al adoptar varias instituciones occidentales –como el sistema legal y de gobierno, y otras reformas en lo económico, social y militar–.

El Banco de México es otro gran ejemplo, creado en 1925 ante la necesidad de reconstruir el sistema monetario y devolver la confianza en el peso mexicano y la sanidad de sus finanzas, lo cual sólo se logró con la instauración de un único banco con control de gobierno y con autonomía plena, encargado de regular la circulación monetaria, las tasas de interés y el tipo de cambio; la fuerza de esta institución le da rumbo, credibilidad y estabilidad a la economía del país.

Al ser esencialmente sociales, los proyectos deben preceder a los liderazgos, y éstos deben percibir, desarrollar y defender el mejor proyecto colectivo. Los nombres por sí solos, en el plano público, carecen de relevancia cuando no se sustentan en un programa con contenido y objetivos claros. El proyecto le da sentido y orientación a las instituciones y las instituciones sólidas dan certeza y estabilidad, aun cuando sus liderazgos cambien. Por eso, la importancia de que el presidente Peña Nieto recuperara, recientemente, la frase del maestro Reyes Heroles: "primero el programa, luego el hombre", con la paráfrasis: "primero el plan, primero el programa, primero el proyecto, después los nombres".